Entre el 29 de febrero y el 1 de marzo de 1992, Bosnia y Herzegovina celebró un referéndum para definir su permanencia o salida de la República Federal Socialista de Yugoslavia. El resultado, consolidado el 2 de marzo, reflejó un respaldo mayoritario a la independencia y marcó un punto de no retorno en la crisis balcánica. La votación se produjo en un contexto de desintegración progresiva del Estado yugoslavo y creciente polarización interna.
La participación rondó el 63% del electorado, con más del 99% de los votos emitidos a favor de la soberanía. Sin embargo, el proceso estuvo atravesado por tensiones étnicas, ya que gran parte de la población serbobosnia boicoteó la consulta. A pesar de esa ausencia, el liderazgo político bosnio interpretó el resultado como una legitimación democrática suficiente para avanzar hacia la proclamación formal de independencia.
El referéndum bosnio no puede comprenderse sin el colapso previo del sistema federal yugoslavo. Tras las declaraciones de independencia de Eslovenia y Croacia en 1991, la cohesión del Estado multinacional quedó profundamente debilitada. Bosnia, con una composición demográfica diversa —musulmanes bosnios, serbios y croatas—, enfrentaba la disyuntiva entre permanecer en una federación en crisis o asumir el riesgo de constituirse como Estado independiente.
La decisión de convocar a las urnas respondió a la búsqueda de una salida institucional frente a la incertidumbre política. Para sus impulsores, el referéndum ofrecía un mecanismo democrático que permitía canalizar la voluntad popular en medio de la descomposición del orden federal. La consolidación de los resultados el 2 de marzo reforzó esa narrativa de legitimidad basada en el voto ciudadano.

Tras la proclamación oficial de independencia el 3 de marzo de 1992, el reconocimiento internacional llegó pocas semanas después por parte de la Comunidad Europea y Estados Unidos. Bosnia y Herzegovina ingresó en mayo de ese mismo año a las Naciones Unidas, formalizando su condición de Estado soberano en el sistema internacional.

No obstante, la independencia también desencadenó un conflicto armado que marcaría profundamente la región. La Guerra de Bosnia, iniciada en abril de 1992, evidenció que la legitimidad plebiscitaria no bastaba para neutralizar disputas territoriales y étnicas. El referéndum del 29 de febrero–1 de marzo, cuyos resultados se consolidaron el 2 de marzo, quedó así como un hito fundacional del Estado bosnio moderno y como preludio de uno de los episodios más complejos de la Europa pos-Guerra Fría.