04/03/2026 - Edición Nº1121

Internacionales

Política exterior

Doctrina Monroe, el principio que marcó a América Latina

02/03/2026 | El mensaje de 1823 redefinió el vínculo entre Estados Unidos y Europa e influyó durante dos siglos en la región.



El 2 de marzo de 1823, el presidente de Estados Unidos, James Monroe, presentó su mensaje anual ante el Congreso. En ese discurso incluyó un principio que con el tiempo sería conocido como la Doctrina Monroe, una declaración destinada a redefinir el equilibrio de poder en el continente americano.

Un continente en transformación

A comienzos del siglo XIX, América Latina atravesaba un proceso revolucionario. Las guerras de independencia contra España y Portugal habían dado origen a nuevos Estados soberanos, pero su estabilidad era frágil. En Europa, las monarquías restauradas tras la caída de Napoleón buscaban recomponer su influencia y no se descartaba la posibilidad de intentos de reconquista.

Frente a ese escenario, Washington lanzó una advertencia: cualquier intento europeo de colonización o intervención en el hemisferio occidental sería considerado una amenaza para Estados Unidos. A cambio, el país norteamericano prometía no intervenir en los asuntos internos de Europa ni en sus colonias existentes. La frase que sintetizó el espíritu de la doctrina fue contundente: “América para los americanos”.


John Quincy Adams, secretario de Estado, principal artífice intelectual de la formulación original de la Doctrina Monroe.

De advertencia diplomática a herramienta de poder

En su formulación original, la doctrina era más defensiva que expansiva. Estados Unidos todavía no era una potencia global y carecía de fuerza militar suficiente para imponer por sí solo esa política. De hecho, en sus primeros años contó con el respaldo implícito del Reino Unido, interesado también en frenar el regreso colonial español.

Con el paso del tiempo, sin embargo, el principio fue reinterpretado. A comienzos del siglo XX, el presidente Theodore Roosevelt añadió el llamado Corolario Roosevelt, que sostuvo que Estados Unidos podía intervenir en países latinoamericanos en casos de “inestabilidad” o incumplimiento de obligaciones internacionales. Esa ampliación justificó intervenciones en el Caribe y América Central y consolidó la hegemonía estadounidense en la región.


Caricatura de época que representa la Doctrina Monroe vista como advertencia frente a las potencias europeas en América.

Durante la Guerra Fría, la Doctrina Monroe volvió a ser invocada para frenar la expansión de la influencia soviética en el continente, especialmente tras la Revolución Cubana. Así, un principio formulado en 1823 se adaptó a contextos geopolíticos muy distintos.

Un legado en debate

Más de dos siglos después, la Doctrina Monroe sigue generando interpretaciones encontradas. Para algunos historiadores, fue un gesto de protección frente al colonialismo europeo en un momento crítico para las nuevas repúblicas latinoamericanas. Para otros, marcó el inicio de una relación asimétrica que colocó a Washington como árbitro político del hemisferio.


Mapa político del continente a comienzos del siglo XIX, cuando la mayoría de las repúblicas latinoamericanas acababan de independizarse.

Lo que resulta indiscutible es que el mensaje presentado aquel 2 de marzo de 1823 trascendió su tiempo. No fue solo un discurso anual ante el Congreso: se convirtió en uno de los pilares de la política exterior de Estados Unidos y en un concepto clave para comprender la historia política de América Latina.