Luego del discurso del presidente Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso, Luis Caputo brindó una entrevista este lunes donde dejó pocas definiciones respecto de su plan económico para la segunda etapa del mandato del libertario.
El ministro habló en un contexto atravesado por dos ejes centrales: una inflación que dejó de desacelerar de manera consistente en los últimos meses y una creciente tensión del Gobierno con sectores empresarios industriales, a quienes acusa de haber operado durante años bajo un esquema de protección y rentabilidades excesivas.
El dato más sensible para la gente es la inflación. Si bien el proceso de desinflación fue marcado durante el año pasado, en los últimos ocho meses no logró mostrar una desaceleración clara y sostenida.
En ese período hubo registros por debajo del 2%, pero la tendencia dejó de ser descendente y enero marcó 2,9%, lo que implicó una aceleración respecto de los meses previos.
Caputo aseguró que febrero “seguro va a dar más bajo que enero” y fue más allá: sostuvo que, si el programa se mantiene, para agosto la inflación “podría arrancar con cero”.
El ministro reconoció que hubo un “escalón” inflacionario vinculado a la caída en la demanda de dinero, pero insistió en que el equilibrio fiscal y la política monetaria contractiva siguen siendo el ancla del plan.
Uno de los tramos más fuertes de la entrevista fue el vinculado a los empresarios industriales.
En las últimas semanas, el presidente Milei endureció el discurso tras las declaraciones del CEO de Neumen, Roberto Méndez, quien reconoció que el sector tuvo márgenes de rentabilidad del 40% al 60% y afirmó: “Estábamos robando”. Esa frase fue utilizada por el oficialismo como símbolo de lo que consideran un modelo de protección que perjudicó a los consumidores.
Caputo respaldó esa línea. “Si una rueda sale 100 dólares en cualquier lugar y acá 400, estás forzando a la gente a pagar eso”, afirmó. Y calificó ese esquema como “inmoral, injusto, regresivo e ineficiente”.
El argumento del ministro es que la protección excesiva no solo elevó precios, sino que también distorsionó incentivos: favoreció rentas extraordinarias en algunos sectores sin generar inversión ni competitividad genuina.
“No hubo un modelo industrialista exitoso en los últimos 20 años. Solo se hicieron ricos algunos empresarios elegidos”, lanzó.
La señal es que la apertura comercial no se va a frenar, aunque implique un proceso de reacomodamiento en sectores que históricamente operaron con barreras de entrada.
En línea con el discurso presidencial, Caputo defendió los cambios incluidos en la reforma laboral.
Explicó que el nuevo régimen para contrataciones reduce del 18%-20% al 2% durante cuatro años las contribuciones vinculadas a SIPA y fondo de empleo. El objetivo, según planteó, es reducir el costo de contratación formal y atacar la informalidad estructural.
“Queremos formalizar el empleo y que no sea un drama perder un trabajo porque se puede conseguir otro”, sostuvo.
El minsitro lo toma como un punto central para reactivar la economía a partir de una mayor formalización. Sin embargo, el desafío de fondo sigue siendo que haya crecimiento sostenido para que las empresas contratan cuando venden más.
En el plano financiero, Caputo volvió a mostrar incomodidad con la reacción del mercado.
“En dos meses compramos seis veces más de lo que nos habíamos comprometido con el Fondo y el riesgo país subió de 500 a 570”, señaló. Para el ministro, los precios financieros muchas veces responden más a factores técnicos o políticos que a los fundamentos macroeconómicos. Incluso sostuvo que, después de la acumulación de reservas y del avance del programa fiscal, el riesgo país “debería estar en 250”.
Ahí aparece la conexión con la política. Caputo volvió sobre el concepto del “riesgo kuka”: aseguró que, desde su visión, el kirchnerismo está perdiendo peso electoral y cultural, pero admitió que para el mercado esa variable todavía existe.
Es decir, mientras el Gobierno considera consolidado el rumbo económico, los inversores siguen incorporando el escenario político futuro en sus cálculos. El riesgo país no refleja solo números fiscales o reservas, sino también expectativas sobre estabilidad y continuidad del programa.
Finalmente, Caputo volvió sobre uno de sus planteos recurrentes: el ahorro fuera del sistema financiero.
“El ahorro que está en los colchones perdiendo intereses podría ayudar a crecer al país”, afirmó. Según explicó, ese monto sería tres veces mayor que los depósitos privados en bancos.
La apuesta oficial es que, con estabilidad y reglas claras, esos fondos ingresen al sistema y puedan canalizarse hacia crédito e inversión. En ese marco, volvió a destacar la Ley de Inocencia Fiscal como herramienta para formalizar ahorro y ampliar la base contributiva.
También confirmó que se viene un desembolso de US$1.000 millones del FMI y describió la relación como “muy buena”, relativizando la importancia de las metas trimestrales frente a una mirada anual del programa.