El Mundial 2026, el primero con 48 selecciones, enfrenta una crisis inédita a solo cien días de su comienzo. Tras la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, la posibilidad de que el seleccionado persa desista de participar del torneo toma más fuerza con el correr de los días.
El presidente de la Federación Iraní, Mehdi Taj, admitió públicamente que es "improbable" que su equipo viaje a Norteamérica, lo que obliga a la FIFA a desempolvar el reglamento y activar un plan de contingencia.
La baja de Irán no solo tendría consecuencias geopolíticas y de seguridad, sino que abriría un rompecabezas deportivo para cubrir el cupo vacante en el Grupo G, donde ya esperan Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda.
El artículo 6 del reglamento de la Copa del Mundo es claro respecto a las retiradas. Si Irán oficializa su renuncia, enfrentará severas consecuencias económicas y deportivas:
Respecto al reemplazo, el apartado 6.7 otorga a la FIFA plena discrecionalidad para decidir. Sin embargo, la lógica indica que el cupo se mantendrá dentro de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) para respetar la distribución de plazas.
Descartada cualquier chance para selecciones de otras confederaciones (como Chile, cuyo nombre circuló en redes sociales sin sustento reglamentario), todas las miradas apuntan a Irak.

"Los Leones de la Mesopotamia" ganaron la quinta etapa de las eliminatorias asiáticas y actualmente tienen su lugar asegurado en el repechaje internacional. Si la FIFA decide promoverlos directamente a la fase de grupos en lugar de Irán, se produciría un efecto dominó: Emiratos Árabes Unidos, que perdió ante Irak, podría heredar el puesto en la repesca intercontinental para enfrentar al ganador de Bolivia vs. Surinam.
Otra variante que maneja Zúrich es basarse en el Ranking FIFA. En este escenario, Irak (58º) también lidera las opciones entre los no clasificados de la AFC, seguido por Emiratos Árabes Unidos (68º) y Omán (78º).
La situación de Irán ya era compleja antes de los bombardeos. Su hoja de ruta incluía concentrar en Tucson, Arizona, y jugar en Los Ángeles y Seattle, ciudades de un país con el que hoy mantiene un conflicto armado abierto.
Las restricciones de visado y la seguridad de la delegación son temas críticos que la FIFA monitorea minuto a minuto. Mientras la política internacional marca la agenda, el fútbol aguarda una resolución.