05/03/2026 - Edición Nº1122

Entretenimiento

Netflix - Entrevista

Parque Lezama y cómo la nostalgia es “una trampa” según Juan José Campanella

05/03/2026 | Con Luis Brandoni y Eduardo Blanco al frente, la película adapta la obra de teatro que estuvo más de una década en cartel.



“Me acusan mucho de ser un nostálgico”, se defiende Juan José Campanella ante la primera pregunta de la entrevista. Es que Parque Lezama, la película que adapta la obra teatral homónima (inspirada en la pieza Yo no soy Rappaport), se siente así: como una oda a la nostalgia, así como también a la tercera edad, la ancianidad y, por qué no, a las plazas como espacio de encuentro. Y, en este sentido, más allá de la salvedad que hace, el director argentino ganador del Oscar por El secreto de sus ojos reconoce que todas sus películas se tratan de eso. “Todas las películas se tratan, justamente, todo lo que he hecho, de cómo personajes atrapados en la nostalgia tratan de salir de esa cárcel y enfrentar el resto de la vida”.

Junto a él, Eduardo Blanco sale a copar la parada y entre risas se pregunta: “¿Cuál es el tema de la nostalgia? ¿Qué tiene ahora? ¿Detractores? He visto detractores. Cuando, en general, forma parte de nuestra cultura”. El actor interpreta a Antonio Cardozo, un encargado de un edificio del barrio muy entrado en años al que están por despedir (Gonzalo Menéndez Roberts, encarnado por Agustín Aristarán, es el que se lo tiene que comunicar). La película se presenta como un ensayo sobre el paso del tiempo y se narra a través de los intercambios entre Cardozo y León Schwartz (Luis Brandoni), un comunista que no se va a dejar llevar puesto por las nuevas generaciones. De esos intercambios crece Parque Lezama, que se extiende por cerca de dos horas para hablar de la nostalgia y sus peligros.

“Hay una gran diferencia entre la nostalgia y el recuerdo. La nostalgia, al estar atrapado en ese lugar y ‘ese fue mejor’ y ‘ahora no vale la pena hacer nada porque eso era mejor’... Eso es una trampa y es negativo. Y en la película claramente se dice, ‘mata más viejos que los infartos’. El recuerdo, en cambio, no. El recuerdo vos lo tenés que abrazar. Son tus cimientos, de donde vas a crecer, explica Campanella, quien subraya que negar los recuerdos, “por miedo al paso del tiempo, a sentirse viejo”, es algo “muy negativo”. Y ahí aparece el testimonio de Eduardo Blanco en su cruzada por justificar a la nostalgia como parte definitoria del ser argentino: “Nuestro país se nutrió mucho de eso, ni hablar nuestra ciudad. Entonces, la nostalgia casi que te diría que es un elemento que nos pertenece, que nos cuenta a nosotros”. Claro, Eduardo hace otra distinción y separa a la nostalgia de la melancolía, “un regodeo en el dolor” que “no está bueno”.

Los actores de Parque Lezama: recuerdos de antes y de ahora

Junto a Luis Brandoni y Eduardo Blanco aparecen en el reparto 5 actores más: Agustín Aristarán (Rada), Verónica Pelaccini, Matías Alarcón, Manuela Menéndez y Alan Fernández. Interpretan a personajes secundarios que ayudan a mover la acción en medio de los diálogos que intercambian (muchas veces convertidos en monólogos de Brandoni). Aristarán es, como ya se dijo, Menéndez Roberts; Pelaccini interpreta a Clara, la hija de León y quien está preocupada por el comportamiento de su padre; Menéndez es una joven que se cruzan en el parque mientras que Galarza y Fernández encarnan a dos delincuentes que transitan la plaza.

Cuando les preguntamos por las cosas que le generan cierta añoranza, el primero en responder es Agustín Aristarán, que se muda mentalmente a su Bahía Blanca natal. Más precisamente al Parque de Mayo en otoño o invierno, con su atardecer y su tobogán que hoy un poco está homenajeado en su casa, con el que mandó a construir en su casa. Por supuesto, también hay algo de tristeza en ese recuerdo, especialmente por la forma en la que quedó después de las inundaciones de 2025 y el temporal de vientos con ráfagas de hasta 185 kilómetros por hora que sucedió dos años antes. Igualmente, subraya que se queda con el recuerdo y esa añoranza que le transmite pensar en el parque. Para Pelaccini el recuerdo también es espacio-temporal: la casa de su abuela Elisa en Núñez donde jugaba con amigos del barrio y donde todavía se realizaba el carnaval. 

Ahora, cuando se trata de pensar en qué cosas se van a llevar de recuerdo de la película, los que intervienen son Matías, Alan y Manuela, que ante la pregunta reconoce que le “pone la piel de gallina” de pensar en la respuesta. Tanto ella como Matías ya venían de tener un papel en la obra de teatro así que las memorias van más atrás. “Es increíble, es increíble estar no solo con Campanella, sino con Brandoni, con Eduardo Blanco. La verdad es que son personas muy generosas”, sostiene Manuela Menéndez, a lo que Matías Alarcón completa: “También pasa con Luis Brandoni, también pasa con Eduardo Blanco, que son compañeros, que son colegas y te hacen sentir colegas”. Ni hablar para Alan Fernández, que dice que “esto queda para toda la vida” y se podrá ver en Netflix

Cómo es trabajar con Juan Campanella

“Juan hace que sea muy sencillo”, explica Verónica Pelaccini, que ya venía de haber hecho los últimos dos años de la obra con Juan José Campanella. “Vos entrás a actuar o a ensayar, y es como cualquier otro ensayo. Es el esquema de trabajo: ‘Hola, ¿qué tal?’, dejamos el bolso ahí, tres o cuatro chistes… hace buenos chistes, Juan. Y a laburar, a avanzar. No construye épica artificial. Él labura al pie, al pie y va”. Lo del humor de Campanella no queda al pasar y Aristarán completa: “Es muy gracioso. Y por ahí te cuento una anécdota que es en Hollywood… ‘No, a mí cuando me prestaron el traje para ir a recibir el Óscar…’. No, hermoso. La verdad que laburar con Juan es laburar con un niño apasionado que le interesa jugar a que es director.

Los otros dos actores que Campanella se trajo del teatro también coinciden en que es “hermoso” compartir un rodaje con el director. “Tiene muy claro lo que quiere y te lo transmite muy claramente. Él es montajista, así que no solo tiene la película en su cabeza, sino que tiene el plan, el ritmo, la respiración de la escena y te lo transmite”, cuenta Alarcón. Tanto él como Manuela Menéndez destacan la generosidad del realizador que prepara Mafalda (también para Netflix).


Juan José Campanella.

“Me topé con una persona verdaderamente humilde en el rodaje”, cuenta Alan Fernández, que con mucho cariño recuerda que Campanella lo invitaba a ver las escenas y le pedía su opinión sobre lo que habían hecho. “Aprendés un montón. Y como decía antes, es una persona que yo veía películas de chiquitito y hoy en día poder estar al lado de él… es lo más”, cierra.