“Se reactivan las obras de las represas de Santa Cruz”, anunció el ministro de Economía. Según detalló, se acordó el reinicio tras años de suspensión por incumplimientos contractuales y se comenzará por la central Represa Jorge Cepernic, la que tiene mayor grado de avance.
SE REACTIVAN LAS OBRAS DE LAS REPRESAS DE SANTA CRUZ
— totocaputo (@LuisCaputoAR) March 5, 2026
Acordamos el reinicio de las obras de las represas de Santa Cruz, que llevaban años de suspensión por incumplimientos contractuales.
Con esta decisión, regularizamos las condiciones para retomar inicialmente la construcción…
La obra, aseguró, podría finalizarse hacia 2030 y aportar 1.860 GWh anuales al Sistema Argentino Interconectado, fortaleciendo la matriz energética nacional.
Pero detrás del anuncio hay una historia de financiamiento chino, deuda cruzada y casi dos años de parálisis.
La construcción se detuvo formalmente en noviembre de 2023. ¿El motivo? Reclamos cruzados entre el Estado y la UTE integrada por la china China Gezhouba Group, Eling (ex Electroingeniería) e Hidrocuyo.
La UTE reclama al Estado unos US$ 400 millones por certificados de obra impagos. El Gobierno considera que ese monto está inflado. Desde la gestión anterior dejaron de pagarse los certificados porque, según la posición oficial actual, se interrumpieron los desembolsos del crédito chino.
En el Senado, el jefe de Gabinete Guillermo Francos sostuvo que las solicitudes de fondos debían ser efectuadas por el contratista y que no se presentaron pedidos nuevos desde diciembre de 2022.
Las empresas, en cambio, argumentan que el crédito es entre Estados y que debe gestionarlo el Gobierno nacional. Además, sostienen que antes debe regularizarse el contrato mediante la llamada “adenda XII”, donde debería acordarse cómo saldar la deuda. Ese punto nunca se cerró. En el medio quedó la obra parada.
El convenio firmado en 2014 contemplaba US$ 4.750 millones de financiamiento de bancos chinos, entre ellos el China Development Bank. Hasta ahora se desembolsaron aproximadamente US$ 1.850 millones (casi 40%). Sin embargo, el avance físico es muy inferior:
Es decir, después de más de una década, el proyecto no llega al 30% global y lleva casi dos años paralizado.
El 4 de febrero de 2015, en Beijing, Cristina Fernández de Kirchner celebró el inicio del proyecto con una frase que quedó registrada: “La maravilla de la política consiste en convertir en obras concretas lo que siempre fueron sueños”.
El plan original preveía que ambas represas estuvieran terminadas en cinco años y medio. Diez años después, la realidad es otra: menos de un tercio construido y una negociación todavía abierta.
La empresa estatal Energía Argentina S.A. (Enarsa), conducida por Tristán Socas, actúa como comitente y supervisor técnico.
Ahora se busca firmar un memorando de entendimiento que establezca compromisos y plazos para resolver los puntos de conflicto con la obra ya en marcha.
El complejo sobre el río Santa Cruz es una de las mayores apuestas hidroeléctricas del país en décadas.
En términos laborales, en su pico de actividad el proyecto llegó a emplear más de 4.000 trabajadores directos e indirectos en Santa Cruz, dinamizando la economía local. La paralización afectó de lleno a proveedores y empleo regional.
El anuncio de reactivación no es solo técnico. También es una señal hacia China, en un contexto donde Argentina necesita financiamiento externo y estabilidad en su vínculo bilateral. El mensaje del ministro fue claro: “Cumplimos los compromisos asumidos y seguimos normalizando el sector energético”.