08/03/2026 - Edición Nº1125

Cultura


Danza

Juan Pablo González: expresión pura en escena

07/03/2026 | El bailarín de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea analiza su carrera y la crisis actual del sector.



El arte de la danza no se trata solo de movimientos estéticos; es una construcción de temperamento, resistencia y una búsqueda constante de la identidad a través del cuerpo. En El Living de NewsDigitales, el bailarín Juan Pablo González compartió un recorrido profundo por las experiencias que lo transformaron en uno de los intérpretes más versátiles de la escena argentina actual. Con la fluidez que solo otorga la experiencia de haber habitado tanto los templos del ballet clásico como los escenarios más vanguardistas de la noche porteña, el integrante de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea reveló las luces y sombras de una profesión que hoy lo encuentra en un momento de madurez y de lucha institucional.

De Quilmes a la élite del entrenamiento

Todo comenzó en Quilmes, impulsado por una chispa de curiosidad que se encendió frente a la pantalla del televisor. “Mi inspiración primera fue Cats”, recordó el artista sobre aquel universo de luces y pieles que lo empujó a querer moverse de la misma forma. Antes de las zapatillas de punta, fue el teatro de la mano de Juan Pablo Miranda lo que forjó su construcción interna. Aquel grupo de adolescentes trabajaba con una seriedad impropia para su edad, ensayando fines de semana completos en el centro de Quilmes y aprendiendo el oficio en las condiciones más incómodas del café concert.

Juan Pablo González durante su visita a El Living de NewsDigitales.

El salto a la formación profesional llegó cuando el maestro Juan Salvador Molina lo instó a viajar a la Ciudad de Buenos Aires. Lo que siguió fue una maratón de disciplina física casi sobrehumana: durante dos años, Juan Pablo González cumplió una rutina que incluía el taller del Teatro Colón, el IUNA y una beca con Julio Bocca.

“No te alcanzan las 24 horas del día, pero cuando sos chico tenés ahí la decisión, la zanahoria”, afirmó sobre aquel periodo en el que la necesidad de pertenecer superaba cualquier cansancio.

En un contexto donde la danza argentina de fines de los 90 estaba dominada por figuras como Julio Bocca e Iñaki Urlezaga, el joven bailarín se abría paso con rapidez para resolver y copiar técnicas, supliendo con garra cualquier carencia técnica inicial.

El aprendizaje a través del rigor y el "no"

La carrera de un bailarín profesional se construye tanto con los aplausos como con los rechazos. Para Juan Pablo González, los momentos de exclusión fueron motores de crecimiento. Recordó con especial claridad su paso como aprendiz por el Ballet del Teatro San Martín bajo la dirección de Mauricio Wainrot. A pesar de haber ganado un lugar destacado en el programa, en 2008 recibió un cachetazo inesperado: fue echado de la compañía.

Eso abría una puerta. En ese momento lo ves trágico, apocalíptico, pero después agradecés tanto salir de esa cuna”, confesó sobre la necesidad de madurar y procesar la información recibida.

Su búsqueda lo llevó luego al exterior, explorando el Miami City Ballet en Florida y colaborando con el Ballet de Puerto Rico. En Estados Unidos, se vinculó con creadores de la talla de Jennifer Muller, Tomás Howard y Ángel Corella, además de estudiar en Holanda con David Zambrano. Fue una etapa de curiosidad insaciable, donde el bailarín avanzaba sin miedos proyectando a corto plazo y vibrando en el presente. Sin embargo, la mirada hacia Argentina nunca se apagó del todo. A través de las redes sociales, observaba cómo sus compañeros en Buenos Aires generaban proyectos propios, lo que finalmente lo impulsó a regresar.

Desnudez y transgresión: el hito de la idea fija

El regreso al país marcó el encuentro con figuras que pulieron su estilo, como la maestra Nuria Solano, a quien describe como su “madre de la danza”. Bajo su tutela y la de Mario Galizzi, el bailarín logró unir técnica y goce, alejándose de la construcción de un “muñeco de plastilina” para abrazar una expansión real del movimiento. Fue en este contexto de madurez que se sumó a una de las piezas más disruptivas de la danza contemporánea local: La idea fija, de Pablo Rotemberg.

Juan Pablo González: del Teatro Colón y la beca de Julio Bocca a los tacos de Caviar y la crisis de la danza nacional.

La obra revolucionó la escena con su crudeza y estética de camas de metal y lockers. Para Juan Pablo González, el desafío fue total, incluyendo la exposición física completa.

La potencia de la obra fue tal que, incluso años después, el público sigue recordando aquel impacto visual y emocional que no daba lugar a distracciones mundanas sobre la anatomía, sino que sumergía al espectador en un universo hegemónico de luces y sombras.

La etapa Caviar: fantasía, tacos y lipsync

La versatilidad del entrevistado en El Living de NewsDigitales lo llevó a explorar un territorio aparentemente opuesto al rigor académico: el mundo de Caviar. Inspirado por una facilidad natural para el lipsync (también conocido como fonomínica) que practicaba desde la infancia, se sumó a la compañía dirigida por Walter Suárez. Allí aprendió el valor de crear fantasía de la nada, donde un gesto o una mirada podían situar al público en cualquier lugar del mundo.

En este espacio, Juan Pablo González se convirtió en un pionero local al bailar con plataformas y tacos de 30 centímetros mucho antes de que se convirtieran en una tendencia global.

Me sentía un canal de pasar información y ser como si fuera Mystique de los X-Men, tomar formas”, explicó sobre su capacidad para adaptarse a los caprichos estéticos de cada director sin perder la esencia.

Esta etapa no estuvo exenta de dificultades, como la dura renuncia colectiva durante una gira con Hernán Piquín en Trenque Lauquen debido a la falta de amparo sindical y condiciones laborales básicas.

La incertidumbre en la Compañía Nacional

Actualmente, el bailarín forma parte de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, un espacio que valora por la libertad de expresión y la horizontalidad de sus vínculos. Sin embargo, el presente está marcado por una crisis institucional sin precedentes que afecta la estabilidad de los organismos nacionales. Juan Pablo González no ocultó su angustia frente a la revisión de contratos y el retraso en los pagos que generan una incertidumbre asfixiante.

Hoy me doy cuenta que el recurso soy yo y son otros miedos”, reflexionó sobre el peso de la autogestión a los 40 años.

A pesar del panorama crítico, el artista sigue apostando por la escena. Recientemente, participó en la puesta del Teatro Cervantes que puso en valor el género de la revista, trabajando junto a figuras como Mónica Antonópulos, Marco Antonio Caponi y Jess Abouchain. Cabe destacar que la Revista del Cervantes regresó el 25 de febrero. Para él, la revista despierta un lugar familiar que conecta sus experiencias en Caviar con el despliegue escénico más puro. No obstante, sus deseos a futuro parecen alejarse de las tablas: sueña con una vida tranquila en una playa de Brasil, lejos de la ansiedad social y el rigor de las clases anuales. Su mayor virtud, la empatía y la falta de hipocresía, lo mantienen firme en un camino donde prefiere retirarse con dignidad, como un final de tango, antes que ver su arte desvanecerse en cuotas.