La llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia terminó de confirmar un movimiento silencioso pero profundo en la estructura de poder del Gobierno. Lo que durante meses se describía como el “Triángulo de Hierro” —integrado por Javier Milei, Karina Milei y Santiago Caputo— empieza a mutar hacia una lógica distinta: menos equilibrio interno y más concentración de decisiones.
El cambio se gestó en paralelo a la salida de Mariano Cúneo Libarona, que llevaba meses evaluando dejar el cargo. La definición final abrió una oportunidad para reordenar el control político del área judicial, una de las más sensibles para cualquier gobierno.
Dentro de la Casa Rosada la lectura es clara: la secretaria general de la Presidencia consolidó su influencia en el gabinete y avanzó sobre un territorio que hasta ahora orbitaba alrededor del asesor presidencial Santiago Caputo.
El nombre de Mahiques apareció como una figura capaz de moverse con soltura en el mundo judicial y con vínculos en distintos sectores del sistema. Pero también con una característica que, según fuentes del oficialismo, fue determinante: no responder al llamado “caputismo”.
Esa definición terminó de inclinar la balanza en una interna que venía escalando desde hace meses dentro del oficialismo.
La jura del nuevo ministro, realizada en el Salón Blanco de la Casa Rosada, dejó varias señales políticas. Funcionarios presentes describieron un saludo frío entre Karina Milei y Santiago Caputo, muy distinto al abrazo prolongado que el Presidente le dio a su principal asesor.

En el entorno de Caputo admiten que el desplazamiento de Sebastián Amerio de la Secretaría de Justicia fue un golpe duro. Sin embargo, destacan que su traslado a la Procuración del Tesoro funciona como una forma de contención dentro del esquema oficialista.
Mientras se reacomoda el tablero político, Mahiques ya comenzó a delinear su hoja de ruta. Entre las prioridades aparece acelerar el envío al Senado de más de 200 pliegos de jueces y fiscales para cubrir vacantes en todo el país.
También avanzará en cambios dentro de los organismos que dependen del Ministerio, entre ellos la Inspección General de Justicia, un área que en los últimos meses protagonizó disputas con distintas instituciones, incluida la Asociación del Fútbol Argentino.
En el Gobierno saben que el vínculo con el sistema judicial es un frente estratégico. No solo por la agenda institucional sino también por el impacto político que pueden tener las causas judiciales que orbitan alrededor del poder.
Por eso, más allá del cambio de nombres, en Balcarce 50 interpretan el movimiento como el inicio de una nueva etapa en el oficialismo. Una etapa donde el equilibrio interno parece haber quedado atrás y donde el centro de gravedad del poder se desplaza cada vez más hacia una sola figura: Karina Milei.