En el fútbol profesional actual, la condición física no sólo es una condición elemental para rendir bien dentro de la cancha. También es una obligación contractual y el caso de Joris Gnagnon se convirtió en un precedente mundial que le puso un límite a la falta de profesionalismo.
El defensor francés, por quien el Sevilla FC pagó 15 millones de euros en 2018, fue despedido en 2021 por reiterados episodios de sobrepeso y falta de disciplina, y el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) le dio la razón al club andaluz, desestimando la demanda millonaria del jugador.
La historia de Gnagnon es la de una promesa que se apagó por la balanza. Nacido en 1997, el zaguero llegó al Sevilla con 21 años y el cartel de figura, pero su rendimiento nunca acompañó las expectativas. Tras una primera temporada discreta, fue cedido a préstamo al Rennes, su club de origen, donde recuperó algo de ritmo.
El verdadero problema de Gnagnon comenzó con el parate por la pandemia de Covid-19. Cuando se reanudaron los entrenamientos, el francés apareció con un grave sobrepeso que lo alejaba de los estándares profesionales. El club intentó ayudarlo, ofreciéndole asistencia médica, nutricional y planes de entrenamiento específicos. Incluso, le llevaban la comida a la puerta de su casa.
Sin embargo, Gnagnon incumplió sistemáticamente las directivas. Las "malas lenguas" del vestuario contaban que el defensor era un asiduo cliente de una pollería de Montequinto, donde solía llevarse "los pollos asados de dos en dos", a pesar de vivir solo.

Ante la falta de compromiso y la imposibilidad de recuperar su forma física, el Sevilla le abrió cuatro expedientes disciplinarios y, finalmente, decidió rescindir su contrato en septiembre de 2021, cuando aún le restaban tres años de vínculo. Gnagnon, que llegó a superar los 100 kilos, estaba lejos de su peso ideal.
El defensor no se quedó de brazos cruzados y demandó al club, buscando una indemnización millonaria por despido injustificado (reclamaba más de 4,6 millones de euros). El caso pasó por los tribunales españoles, luego a la FIFA (que rechazó su demanda) y finalmente llegó al TAS, la máxima instancia de arbitraje deportivo.
El TAS finalmente emitió su laudo final, avalando la decisión del Sevilla FC. El tribunal consideró que el club actuó de forma correcta y que el incumplimiento del jugador en mantener una condición física adecuada era una causa justa de despido.
Además, Gnagnon fue condenado a pagar los costos del arbitraje y parte de los gastos jurídicos del Sevilla, que se ahorró el salario restante del jugador y sentó un precedente invaluable para el fútbol europeo. El caso de Joris Gnagnon, que a sus 28 años llevaba casi cuatro sin jugar un partido oficial de fútbol y firmó apenas un par de encuentros con la filial del Saint-Etienne