A las afueras de Múnich, en el estado de Baviera, un antiguo complejo militar fue transformado en marzo de 1933 en algo que cambiaría la historia de Europa. Allí se inauguró el primer campo de concentración del régimen nazi: el Campo de concentración de Dachau. El campo fue creado apenas semanas después de que Adolf Hitler asumiera el poder en Alemania. Su objetivo inicial era encarcelar a opositores políticos del nuevo régimen, entre ellos comunistas, socialdemócratas, sindicalistas y periodistas críticos.
En sus primeros meses, Dachau no era todavía un centro de exterminio como los que surgirían durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el campo ya representaba el comienzo de un sistema de persecución que se ampliaría con el tiempo para incluir judíos, gitanos, religiosos, homosexuales y otros grupos perseguidos por el nazismo.
Dachau se convirtió rápidamente en un laboratorio del sistema represivo nazi. Bajo el control de las SS, el campo fue utilizado para desarrollar los métodos de vigilancia, castigo y control que luego serían replicados en decenas de campos a lo largo de Europa.
Además de albergar prisioneros, Dachau funcionó como un centro de entrenamiento para los guardias de las SS que más tarde serían enviados a otros campos de concentración. De esta manera, el lugar se transformó en el modelo organizativo de una red de campos que crecería durante el Tercer Reich.

A lo largo de los años, más de 200.000 personas pasaron por Dachau. Decenas de miles murieron allí como consecuencia del hambre, las enfermedades, los trabajos forzados y las ejecuciones.
El campo fue liberado en abril de 1945 por tropas de Estados Unidos, que encontraron a miles de prisioneros en condiciones extremas. Las imágenes registradas en ese momento se convertirían en una de las primeras pruebas visuales del sistema de campos de concentración nazi. Hoy el lugar funciona como memorial y museo. Cada año recibe visitantes de todo el mundo que buscan comprender cómo se gestó uno de los sistemas represivos más brutales del siglo XX.

Recordar la historia de Dachau no solo implica mirar al pasado. También permite entender cómo, en un contexto de crisis política y social, un régimen autoritario pudo construir gradualmente una maquinaria de persecución que terminaría marcando la historia de Europa y del mundo.