En marzo de 1959 la capital tibetana, Lhasa, se convirtió en el escenario de una de las crisis más decisivas de la historia moderna del Himalaya. Miles de tibetanos salieron a las calles para protestar contra el control que la República Popular China ejercía sobre el territorio desde la década anterior.
La tensión se disparó cuando comenzó a circular el rumor de que las autoridades chinas planeaban detener al líder espiritual tibetano, Tenzin Gyatso, figura central del budismo tibetano y jefe tradicional del gobierno del Tíbet. Ante esa posibilidad, el 10 de marzo de 1959 una multitud se concentró alrededor del palacio de verano del Dalái Lama para impedir que fuera trasladado por las autoridades. Aquella movilización masiva se transformó rápidamente en una rebelión abierta contra el control chino.
La respuesta del ejército chino fue contundente. Durante varios días se registraron enfrentamientos en Lhasa y otras zonas del Tíbet. Las tropas bombardearon posiciones rebeldes y reprimieron el levantamiento.
En medio del caos, el Dalái Lama decidió abandonar el país para evitar ser capturado. Vestido de soldado y acompañado por un pequeño grupo de seguidores, emprendió una peligrosa travesía a través del Himalaya. Tras dos semanas de viaje logró cruzar la frontera y llegar a la India, donde recibió asilo político. Desde entonces vive en el exilio en la ciudad de Dharamsala, convertida en el centro de la comunidad tibetana fuera del Tíbet.
El levantamiento de 1959 marcó un punto de inflexión en la historia tibetana. Miles de personas murieron durante la represión y el gobierno tradicional del Tíbet dejó de existir. Desde entonces, el Dalái Lama se ha convertido en el principal portavoz internacional de la causa tibetana, mientras que China sostiene que el territorio forma parte inseparable del país. El aniversario del levantamiento sigue siendo una fecha clave para los tibetanos en el exilio, que lo recuerdan como el momento en que comenzó una lucha política y cultural que todavía continúa.