Un día como hoy, pero de 2002, el “Millonario” rompió un maleficio de ocho años sin victorias en condición de visitante frente a su eterno rival, sellando un 3 a 0 que quedó grabado a fuego en la memoria del pueblo riverplatense.
Desde el pitazo inicial, River mostró mayor ambición. Aunque el encuentro comenzó trabado y con las imprecisiones lógicas de un campo de juego rápido por el agua, el desequilibrio no tardó en llegar.
A los 26 minutos, tras un tiro libre de Ariel Ortega, el "Cuchu" Cambiasso dominó en el área chica y definió con su pierna menos hábil para vencer a Abbondanzieri.

Boca, dirigido por el "Maestro" Tabárez en su etapa post-Bianchi, intentó reaccionar mediante la pelota parada del "Mellizo" Guillermo y un mano a mano del "Chelo" Delgado, pero se encontró con una muralla llamada Ángel Comizzo.
Antes del cierre de la primera etapa, una triangulación letal entre Ortega, Zapata y un joven Fernando Cavenaghi derivó en el remate cruzado de Eduardo Coudet para el 2-0 parcial.
En el complemento, River manejó los hilos con la jerarquía de sus figuras. Pese a que el palo le negó el gol a Cavenaghi, la diferencia en el juego era notable.

Sin embargo, lo mejor estaba reservado para el final. A los 43 minutos, el defensor Ricardo Ismael Rojas inició una corrida histórica desde su propia área. Tras apoyarse en D’Alessandro y recibir de Ortega, el misionero divisó al arquero rival adelantado y ensayó una vaselina exquisita que sentenció el 3-0 definitivo.
Aquel gol, el único de Rojas en Primera División, no solo le valió un apodo eterno, sino que fue el impulso final para un equipo que terminaría coronándose campeón de ese torneo.