La guerra entre Rusia y Ucrania dejó millones de desplazados, ciudades destruidas y una larga lista de víctimas civiles. Pero hay un aspecto del conflicto que inquieta especialmente a la comunidad internacional: el destino de miles de niños ucranianos trasladados a territorio ruso desde las zonas ocupadas.
Un nuevo informe de la comisión creada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas concluyó que estas deportaciones constituyen crímenes contra la humanidad. Los investigadores estudiaron más de mil casos documentados de menores provenientes de cinco regiones de Ucrania y detectaron un patrón que, según el informe, se repite en distintos territorios ocupados.

El análisis se basó en miles de documentos, presentaciones de organizaciones de derechos humanos y más de doscientas entrevistas con familiares, testigos y algunos de los niños que lograron regresar. La conclusión fue contundente: los traslados no serían hechos aislados, sino parte de un sistema organizado.
Con el paso de los meses, distintas investigaciones comenzaron a reconstruir el destino de esos menores. Muchos fueron enviados a campamentos infantiles, escuelas o centros juveniles en Rusia y Crimea, algunos de ellos a miles de kilómetros de sus hogares.
Un estudio del laboratorio humanitario de la Universidad de Yale identificó al menos 43 instalaciones que recibieron niños procedentes de Ucrania. Los destinos se reparten por una vasta geografía que incluye Crimea, el sur de Rusia, la región de Moscú e incluso zonas de Siberia y del Lejano Oriente ruso.
Algunos centros eran antiguos campamentos de verano o sanatorios infantiles que funcionaban desde la época soviética. Tras el inicio de la guerra comenzaron a recibir menores evacuados desde territorios ocupados, en muchos casos con la promesa de estancias temporales. Sin embargo, para numerosas familias el regreso nunca llegó. Muchos niños permanecieron durante meses o incluso años lejos de sus hogares.
Los informes señalan que, una vez en esos centros, los menores comenzaron a participar en programas educativos bajo el sistema ruso. En las aulas se utilizaban currículos escolares rusos y materiales educativos alineados con la narrativa oficial del Kremlin.
Además de las clases tradicionales, varios campamentos organizaban actividades orientadas a reforzar el patriotismo ruso. Ceremonias con banderas, eventos culturales y programas juveniles vinculados al Estado formaban parte de la rutina. En algunos centros también se registraron actividades destinadas a adolescentes que incluían entrenamiento militar básico o visitas a instalaciones del ejército. Para Kiev, este tipo de programas busca integrar a los niños en la sociedad rusa y debilitar sus vínculos con Ucrania.
Otro punto especialmente polémico es el destino de menores procedentes de orfanatos o instituciones en territorios ocupados. La comisionada rusa para los derechos del niño, Maria Lvova-Belova, reconoció públicamente que algunos niños fueron entregados en adopción a familias rusas. Al mismo tiempo, el gobierno de Moscú aprobó decretos que facilitan la obtención de ciudadanía rusa para menores provenientes de regiones ucranianas bajo control ruso.

Para Ucrania, estas medidas representan un intento de asimilación permanente, ya que cambiar la nacionalidad o los documentos de identidad complica el proceso de localización y retorno de los niños.
Las denuncias sobre el traslado de menores ya tuvieron consecuencias judiciales. En 2023, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra el presidente ruso Vladimir Putin y contra Lvova-Belova por la deportación ilegal de niños desde territorios ocupados. Según el tribunal, existen motivos razonables para creer que ambos desempeñaron un papel clave en la política de traslado de menores. Moscú rechaza las acusaciones y sostiene que los niños fueron evacuados voluntariamente para protegerlos de los combates.

El gobierno ucraniano estima que cerca de 20.000 menores fueron trasladados a Rusia o a territorios bajo su control desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022.
Hasta ahora, solo unos pocos cientos han logrado regresar. Muchos lo hicieron gracias a mediaciones internacionales, gestiones diplomáticas o viajes realizados por familiares que lograron localizarlos. Para Kiev, el regreso de esos niños se convirtió en una prioridad humanitaria. Cada caso recuperado representa una historia de reencuentro, pero también recuerda que miles siguen lejos de casa en medio de una guerra que aún no encuentra salida.