11/03/2026 - Edición Nº1128

Opinión


Milei en Nueva York

Los de acá, prebendarios; los de afuera, visionarios

11/03/2026 | La diferencia no pasa entre empresarios “puros” y empresarios “contaminados” por el Estado.



Javier Milei viajó a Nueva York y dejó una escena bastante precisa de su política económica. Ante inversores y empresarios globales, volvió a cargar contra Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, a quienes llamó “empresarios prebendarios”, dijo que “atacaron a los argentinos durante años” y sumó otra frase dirigida al dueño de Fate y Aluar: “ese empresario amenazó y apretó al Gobierno y nos tiró 920 trabajadores en la calle”. Todo ocurrió en la Argentina Week, el mismo evento donde, unas horas más tarde, tres CEO globales elogiaron la alianza estratégica del Gobierno con Estados Unidos y la presentaron como una oportunidad para los negocios.

Los elogios llegaron de Lynn Martin, presidenta de la Bolsa de Nueva York; de Jim Fitterling, CEO global de Dow; y de Andrew Macdonald, presidente y COO de Uber. Martin viene del corazón del sistema financiero norteamericano y construyó su carrera en IBM, LIFFE e Intercontinental Exchange antes de llegar al NYSE. Fitterling hizo toda su carrera dentro de Dow, donde entró como ingeniero en 1984 y trepó dentro de una corporación química global nacida y expandida en el mercado estadounidense. Macdonald es parte del núcleo ejecutivo de Uber, la plataforma nacida en Silicon Valley y escalada con el ecosistema de capital, regulación flexible y mercado de Estados Unidos. Los tres hablaron desde empresas formadas en el centro del capitalismo global, con mercados profundos, financiamiento barato, infraestructura estatal robusta y un Estado nacional que, de una forma u otra, acompañó su expansión.

Ahí aparece la primera tensión del discurso de Milei. A los empresarios argentinos les reprocha haber crecido con protección, aranceles, regulaciones o trato preferencial. A los CEO globales los escucha como si hablaran desde un capitalismo puro, sin mediaciones nacionales. Pero las trayectorias reales son bastante menos líricas. Techint, por ejemplo, nació en la Argentina de posguerra y construyó buena parte de su expansión sobre sectores estratégicos como acero, energía, ingeniería e infraestructura, todos rubros atravesados por decisiones estatales, obra pública y política industrial. Paolo Rocca mismo recordó que la empresa fundada por su abuelo se afianzó en la Argentina y desde acá se proyectó al mundo.

Madanes Quintanilla también condensa esa historia argentina de acumulación con plataforma nacional. Aluar se montó alrededor de una decisión estratégica del Estado de desarrollar aluminio primario en el país y quedó desde entonces ligada a energía, puertos, obra pública y protección sectorial. Fate, por su parte, creció en un mercado automotor y manufacturero históricamente regulado, con aranceles, integración de partes y una política industrial pensada para sostener producción local. Se puede discutir cuánto de eso fue eficiente o cuánto derivó en rentas exageradas. Lo que no se puede hacer con seriedad es fingir que los capitalismos exitosos nacen en el vacío.

La paradoja se vuelve más evidente cuando se mira a uno de los empresarios favoritos del mileísmo: Marcos Galperin. Mercado Libre suele aparecer como emblema del emprendedor innovador, global y meritocrático. Y, sin embargo, en los últimos años recibió beneficios fiscales muy significativos por el régimen de Economía del Conocimiento. Sólo en 2025, según cifras publicadas por Infobae, la empresa obtuvo exenciones por unos USD 50 millones en Ganancias y otros USD 17 millones en aportes, con un ahorro acumulado de varios cientos de millones de dólares en la última década. Es decir: hasta el caso más celebrado de “capitalismo moderno” argentino también tuvo una rampa estatal muy concreta.

La diferencia entonces no pasa entre empresarios “puros” y empresarios “contaminados” por el Estado. Pasa por otra cosa: qué tipo de mediación estatal se vuelve legítima en el relato oficial y cuál se transforma en pecado. Cuando el Estado argentino protegió acero, aluminio, neumáticos o industria manufacturera, Milei lo narra como casta y privilegio. Cuando Estados Unidos sostiene a sus corporaciones con mercado interno, financiamiento, infraestructura, defensa de cadenas estratégicas y alineamiento geopolítico, eso aparece como liderazgo, escala y visión. La doble vara queda a la vista.

Por eso la pelea de Nueva York tuvo algo más que un exabrupto presidencial. Milei quiere disciplinar al empresariado industrial argentino en nombre de la competencia y, al mismo tiempo, seducir al capital global con la promesa de una Argentina alineada con Washington. En esa operación, los de acá quedan pintados como casta defensiva y los de afuera como modelo aspiracional. El problema es que las biografías empresarias reales, tanto las locales como las globales, no confirman esa fábula. Todas tuvieron algún tipo de plataforma nacional, algún ecosistema de protección, algún marco de acumulación estatal. La discusión de fondo, entonces, no es moral. Es política económica. Qué sectores quiere sostener la Argentina, cuáles está dispuesta a dejar caer y bajo qué condiciones espera competir en una economía mundial donde nadie, ni siquiera Estados Unidos, juega sin Estado.