El 11 de marzo de 1973 quedó grabado en la historia política argentina como el día en que el peronismo volvió a competir y ganar una elección presidencial después de 18 años de proscripción. En esos comicios, la fórmula integrada por Héctor José Cámpora y Vicente Solano Lima, que representaba al Frente Justicialista de Liberación, obtuvo el triunfo en las urnas y abrió una nueva etapa política en el país.
La elección se desarrolló en un contexto histórico particular. Desde 1966 el país estaba bajo gobierno militar. El 28 de junio de ese año, el presidente radical Arturo Ilia fue derrocado por un golpe que puso fin a un gobierno que duró tres años, elegido en unas elecciones en las que la prohibición que pesaba sobre el peronismo para presentar candidatos, dio lugar a una avalancha de votos en blanco, cercana al 20%.

Entre 1966 y 1973 se sucedieron tres presidentes con uniforme: los generales Juan Carlos Onganía, Roberto Marcelo Levingston y Alejandro Agustín Lanusse. El gran problema de la política argentina por esos años era uno solo: qué hacer con el peronismo, excluido del escenario electoral desde su derrocamiento, en 1955.
La proscripción del peronismo comenzó tras el golpe de Estado del Golpe de Estado en Argentina de 1955, conocido como Revolución Libertadora, que derrocó al presidente cosntitucional Juan Domingo Perón. El nuevo régimen militar no solo desplazó al gobierno constitucional sino que además impulsó una serie de medidas destinadas a eliminar la influencia política del movimiento justicialista.
Entre esas decisiones se incluyeron la prohibición del Partido Peronista -a través del decreto 4161- la persecución de dirigentes y militantes, la censura de símbolos y consignas vinculadas al peronismo y la imposibilidad de que sus candidatos participaran en elecciones. Durante casi dos décadas, distintos gobiernos —militares y civiles— mantuvieron esas restricciones, lo que convirtió al peronismo en una fuerza con enorme peso social pero excluida de la competencia electoral.
Recién a comienzos de los años setenta, en medio de una fuerte crisis política y social, el régimen militar encabezado por Alejandro Agustín Lanusse impulsó una apertura electoral que permitió el regreso del peronismo al proceso democrático, aunque el propio Perón continuaba impedido de presentarse como candidato.
Esa apertura electoral fue el último capítulo de la política del acuerdo, basada en gestos. A Perón se le restituyó su grado militar, se le permitió el uso de su uniforme de teniente general y le cerraron los procesos penales abiertos luego del golpe de 1955. El gobierno de facto llamó a ese acercamiento Gran Acuerdo Nacional.
En el marco de la negociación con Perón, Lanusse convocó a elecciones cediendo en algunas cosas y al mismo tiempo, cediendo en otras. El general aceptó convocar a la ciudadanía a las urnas, sin ser candidato a presidente, pero al mismo tiempo quiso marcarle el tiempo a Perón.
El Cano -tal como lo apodaban sus allegados- decidió que cualquier argentino que quisiera ser candidato, debía fijar domicilio en la Argentina antes del 25 de agosto de 1972. La fecha llegó y el viejo líder justicialista seguía en España. Recién volvió al país el 17 de noviembre de ese año, por lo cuál no pudo encabezar la boleta. Por eso el candidato para 1973 fue Héctor José Cámpora.
Odontólogo de profesión y militante peronista desde los orígenes del justicialismo, Cámpora había sido diputado nacional y presidente de la Cámara de Diputados durante el segundo gobierno de Perón.
Conocido por su lealtad política al líder justicialista, Cámpora fue elegido para encabezar la fórmula del Frente Justicialista de Liberación, una coalición electoral que reunía al peronismo con otras fuerzas políticas. La campaña sintetizó el objetivo político del momento en una consigna que se volvería emblemática: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.
En las elecciones del 11 de marzo de 1973, la fórmula Héctor José Cámpora – Vicente Solano Lima obtuvo cerca del 49,5% de los votos, superando con claridad al binomio de la Unión Cívica Radical Ricardo Balbín-Fernando De la Rúa. La ventaja fue lo suficientemente amplia como para evitar una segunda vuelta electoral.
El resultado fue el retorno del peronismo al poder por la vía democrática luego de casi dos décadas de exclusión política. Además del triunfo presidencial, el justicialismo obtuvo mayorías legislativas y una amplia presencia en gobernaciones provinciales.
Cámpora asumió la presidencia el 25 de mayo de 1973 en medio de una movilización multitudinaria que celebraba el fin del ciclo de gobiernos militares. Su gestión sería breve —duró apenas 49 días— pero tuvo un significado político decisivo: permitió convocar a nuevas elecciones sin proscripciones, en las que finalmente Juan Domingo Perón regresaría a la presidencia ese mismo año.