Este 11 de marzo de 2026 se cumple el 15° aniversario del terremoto y tsunami que devastó la costa noreste de Japón. El sismo, de magnitud 9.0, se produjo en el Océano Pacífico frente a la prefectura de Miyagi y desplazó el eje de la tierra. La catástrofe liberó una energía equivalente a sesenta bombas de Hiroshima.
En Argentina, la noticia impactó en medio de una jornada de alta carga política en el Club Huracán. La gestión nacional activó de inmediato un plan de contingencia diplomática, técnica y sanitaria para asistir a los residentes en la zona del desastre. El operativo incluyó desde el envío de insumos médicos preventivos hasta la repatriación de ciudadanos.
El 11 de marzo de 2011, Cristina Fernández de Kirchner detuvo el acto por el aniversario del triunfo de Héctor Cámpora para solidarizarse con Japón después de haber ordenado el envío de Cascos Blancos.

La mandataria encabezaba un homenaje por el 38º aniversario del triunfo electoral de Héctor Cámpora, hecho que permitió el regreso de Juan Domingo Perón al poder en 1973 después de una proscripción de 18 años. Sin embargo, ante una multitud en el estadio de Huracán, el discurso se había convertido en un homenaje a Néstor Kirchner, fallecido unos meses atrás.

"No quiero ponerlos tristes, quiero que estén alegres y que lo recuerden como él fue, alegre, por sobre todas las cosas, siempre encontrándole el lado bueno y optimista, no le echaba la culpa a nadie, le metía para adelante. Desde que lo conocí, en los peores momentos que vivió la Argentina y que vivimos tal vez nosotros, en términos personales siempre fue así. Por eso, quiero recordarlo como yo sé que a él le gustaría: con alegría y con compromiso, con convicción y con decisión", dijo sobre Néstor Kirchner.
Enseguida, sin embargo, cambió el eje del discurso:
"Quiero, finalmente, agradecer a todos ustedes este homenaje que nos hacemos a nosotros mismos, también a él, a los argentinos; solidarizarme también, junto a todos ustedes, con esa desgracia inmensa, esa tragedia inmensa del pueblo del Japón.
Entonces vinculó la identidad nacional con la asistencia internacional. "Queremos estar allí y lo vamos a hacer como estuvimos en Chile porque los argentinos somos solidarios, nos importa lo que le pasa a los demás", aseguró la jefa de Estado. Esta mención refería al sismo chileno de 2010, estableciendo una doctrina de ayuda basada en la reciprocidad.

El entonces canciller Héctor Timerman coordinó la ejecución de las órdenes presidenciales en un marco de incertidumbre nuclear. La emergencia en la central de Fukushima Daiichi obligó a adaptar los protocolos de rescate. Bajo la dirección de Gabriel Fuks, la Comisión Cascos Blancos conformó equipos de búsqueda y rescate especializados.
Uno de los hechos más distintivos fue el envío de miles de pastillas de iodo estable a la Embajada argentina en Japón. Estos insumos sirven para saturar la glándula tiroides y evitar la absorción de radiación en caso de exposición. La medida fue defendida por el Gobierno como un acto de responsabilidad hacia los compatriotas. El embajador Raúl Dejean Rodríguez recibió los insumos para su eventual distribución entre la población.

Para marzo de 2011, la colonia argentina en el archipiélago ascendía a 4.500 personas. El pánico por la radiación y el desabastecimiento afectó principalmente a residentes en Tokio y Yokohama. La administración nacional implementó un plan de repatriación con pasajes cubiertos íntegramente por el Estado.
Héctor Timerman recibió personalmente a los grupos en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Los repatriados manifestaron que su decisión de volver respondía al colapso de la vida cotidiana. Ninguno de ellos accedió a realizarse el estudio de radiación ofrecido por el Ministerio de Salud al aterrizar.
Entre los testimonios destacados se encuentra el de Adrián Della Rosa, residente santafesino en Japón. Al ocurrir el sismo, manejó 30 horas seguidas hacia el norte para rescatar a su familia. Atravesó pueblos arrasados por el agua que describió como campos de batalla. Al llegar, encontró a su hijo Valentín durmiendo con un casco de bicicleta puesto para protegerse de los derrumbes.

La tragedia reabrió el debate sobre la seguridad energética en el país. En ese momento, Argentina avanzaba en la finalización de Atucha II y operaba otras dos centrales. Sectores ecologistas cuestionaron si las plantas locales estaban preparadas para eventos imprevistos. El discurso oficial enfatizó que los protocolos de la Autoridad Regulatoria Nuclear eran de los más estrictos del mundo.
Por otro lado, la comunidad japonesa local mostró una organización ejemplar. La Asociación Japonesa en la Argentina y la Federación de Asociaciones Nikkei recaudaron fondos en el Obelisco. Un gesto simbólico fue la donación de 100 toneladas de soja por colonos nikkei. Esa materia prima permitió fabricar un millón de bloques de tofu que se distribuyeron gratuitamente en Japón.
TM