Este jueves aterriza en los cines Proyecto Fin del Mundo, la nueva película de ciencia ficción protagonizada por Ryan Gosling. La cinta de Phil Lord y Chris Miller debutó con un 96% en Rotten Tomatoes y, hay que decirlo, escapó de una de las convenciones más arraigadas y "erróneas" del género.
Hace algunos años, GQ conversó con la doctora Cathleen Lewis, la curadora de Programas Espaciales Internacionales y Trajes Espaciales en el Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsonian. Le mostraron clásicos muy diferentes como Armageddon o The Martian para que analizara los errores más comunes en los trajes de los astronautas. De todo lo que detectó, hubo tres errores puntuales que se repiten mucho a lo largo de la historia del cine.

El tamaño del casco es uno de los problemas más convencionales. Se suele hacer excesivamente grande (según su postura, para poder ver a los actores y sus gestos) cuando en realidad son mucho más chicos. Son ergonómicos y les permiten ver sus extremidades para trabajar con comodidad. Algunos, al ser tan grandes, casi como peceras, terminan siendo restrictivos.
Por otra parte, los cascos no son tan frágiles como se los muestra. Hay miles de ensayos previos que buscan prevenir hasta la mínima fisura en los visores. ¿Qué pasa si se rompen estando en el espacio? Tenés unos 15 segundos hasta que perdés la conciencia y 2 minutos hasta que directamente perdés la vida.

Ahora, el error más común de todos, que no cometió Armageddon y tampoco Proyecto Fin del mundo, es el lugar en el que se ponen las luces. Lewis señaló que varias películas optan por ubicarlas dentro del casco con el fin de que podamos ver a los actores. Pero, claro, si así fuera la realidad, los astronautas se encandilarían constantemente y no sería nada cómodo para trabajar.