El 13 de marzo de 1964 fue asesinada Kitty Genovese en Nueva York. Tenía 28 años cuando fue atacada a puñaladas en la puerta de su casa por un hombre que más tarde confesaría también otros crímenes. El caso se convirtió rápidamente en uno de los hechos policiales más impactantes de la historia reciente de Estados Unidos.
La brutal agresión generó conmoción no solo por el asesinato en sí, sino por un detalle que sacudió a la opinión pública: según las investigaciones y los relatos de la época, hasta 38 vecinos escucharon los gritos de la joven durante el ataque y ninguno intervino ni llamó a la policía de inmediato.
En la madrugada, Genovese regresaba a su casa en el barrio de Kew Gardens, en Nueva York, después de terminar su turno de trabajo como gerente de un bar. Cuando estacionó su auto cerca de su edificio fue atacada por un hombre que comenzó a perseguirla con un cuchillo.
El agresor era Winston Moseley, un trabajador de 29 años que ya había cometido otros delitos. Durante el primer ataque, Genovese logró gritar pidiendo ayuda, lo que provocó que el agresor se retirara momentáneamente.

Moseley volvió minutos después. La joven, gravemente herida, intentó refugiarse en la entrada de su edificio, pero el atacante regresó por tercera vez y terminó apuñalándola nuevamente. En total, el ataque se prolongó durante cerca de 30 minutos, hasta que finalmente la víctima murió por las heridas.
El caso explotó mediáticamente días después cuando el diario The New York Times publicó un artículo que señalaba que 38 vecinos habían escuchado o presenciado partes del ataque sin intervenir ni llamar a la policía. Esa revelación generó un enorme debate público sobre la responsabilidad social y la apatía frente a situaciones de emergencia.
Con los años, investigaciones posteriores señalaron que algunos detalles del relato inicial fueron exagerados por la prensa, aunque el crimen igualmente quedó como uno de los casos más estudiados en sociología y psicología social.
El caso motivó años más tarde estudios dentro de la Psicología social que derivaron en lo que se conoce como el “efecto espectador”. Esta teoría sostiene que las personas tienden a intervenir menos en una situación de emergencia cuando hay otros testigos presentes, porque la responsabilidad se diluye entre todos.
El asesinato de Genovese se convirtió así en un ejemplo emblemático para comprender cómo funcionan ciertos comportamientos colectivos frente a situaciones límite.
La repercusión del caso también impulsó cambios en los sistemas de respuesta ante emergencias en Estados Unidos. Entre otras medidas, contribuyó a la implementación y expansión del número telefónico de emergencias 911, destinado a centralizar los pedidos de ayuda y facilitar una respuesta más rápida de las autoridades.
Con el paso del tiempo, el crimen de Kitty Genovese dejó de ser solo una noticia policial para convertirse en un caso estudiado en universidades y analizado en debates sobre responsabilidad social. Más de medio siglo después, su historia sigue siendo recordada como un símbolo de cómo la indiferencia colectiva puede tener consecuencias trágicas.