La escena fue inusual en el Paseo Bulnes y el Parque Almagro de Santiago de Chile: banderas de Venezuela, Estados Unidos y Cuba ondeaban al viento mientras miles de personas cantaban consignas por la libertad. María Corina Machado, la cara más visible de la oposición venezolana y premio Nobel de la Paz, reunió a 16 000 compatriotas exiliados. La líder, vestida de blanco y portando un rosario, agradeció el apoyo y afirmó que habían “desbordado Santiago de Chile”. Para muchos asistentes, fue la primera vez en años que se sintieron unidos en torno a un proyecto de cambio.
Machado aprovechó su visita a Chile, donde asistió a la investidura del presidente José Antonio Kast, para denunciar la represión del régimen venezolano y enviar un mensaje de esperanza. Subrayó que el camino es retornar a Venezuela con la frente en alto, una meta que necesita del apoyo internacional y de la presión ciudadana. Durante la concentración recordó que en su país trabajadores protestaban por salarios dignos y que en Chile la diáspora también reclamaba un futuro mejor. Con una comunidad de 660 000 venezolanos en Chile, la movilización demostró el peso político de los migrantes.
El acto, que superó por mucho las expectativas de los organizadores, también reveló fracturas dentro de la oposición. Algunos asistentes corearon “María presidenta”, mientras que otros pidieron unidad con otros líderes para enfrentar a Nicolás Maduro. Machado prometió regresar de manera coordinada cuando haya condiciones para una transición pacífica. Su discurso aludió a las décadas de privaciones sufridas bajo el socialismo bolivariano y a la necesidad de una generación renovada para reconstruir el país. “Nos han quitado tanto y hemos aprendido tanto; ya no somos los mismos”, dijo.
La presencia de Kast, un presidente conservador que promete expulsar a los migrantes irregulares, añadió complejidad al encuentro. Mientras un sector aplaudía su dureza contra la migración ilegal, otros temían que medidas indiscriminadas afectaran a quienes buscan refugio. La reunión evidenció cómo la diáspora venezolana es usada como baraja política tanto por gobiernos de derecha como de izquierda. En cualquier caso, el mensaje de Machado logró conectar con una audiencia ávida de liderazgo y reformas.

El impacto económico de la diáspora venezolana en Chile es notable: miles de profesionales han revitalizado sectores como la hostelería, la educación y los servicios. El eventual regreso de un porcentaje de ellos tendría efectos en las remesas que sostienen a familias en Venezuela y podría generar vacantes en el mercado laboral chileno. Si Venezuela emprende una transición democrática, los retornados aportarían capital humano clave para reconstruir un país devastado por la crisis. Sin embargo, aún persisten dudas sobre el calendario y la viabilidad de ese retorno.
María Corina Machado intentando salir de la manifestación en Santiago (no la dejan, jaja) y el cuadro que un pintor chileno le hizo y le pudo regalar. pic.twitter.com/kX8nlWxcoL
— Orlando Avendaño (@OrlvndoA) March 13, 2026
En términos geopolíticos, la movilización en Santiago envía un mensaje a la comunidad internacional sobre la dimensión de la crisis venezolana. La presión de la diáspora podría influir en que gobiernos como el de Kast adopten posturas más firmes contra Maduro. También demuestra que la izquierda populista enfrenta una resistencia organizada incluso fuera de sus fronteras. El desafío será mantener la cohesión del movimiento opositor y evitar que fracturas internas lo debiliten frente a un régimen que ha demostrado capacidad de sobrevivir a sanciones y aislamiento.