La humedad del verano en Asunción no impidió que ministros de Economía, presidentes de bancos centrales y ejecutivos de empresas convergieran en el Centro de Convenciones de la Conmebol. Durante cuatro días, la capital paraguaya alberga las Reuniones Anuales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un evento que la transforma en centro de decisiones económicas de América Latina. Paraguay, un país sin litoral pero atravesado por los ríos Paraguay y Paraná, se convierte así en anfitrión de un foro que definirá líneas de financiación, integración regional y el papel de los recursos naturales en la transición energética.
A las puertas del encuentro, el presidente Santiago Peña resaltó el simbolismo de la cita: Paraguay ha registrado un crecimiento por encima del 4 % anual desde 2023, con un pico del 6 % el año pasado, y las agencias de calificación han mejorado su nota de riesgo. Villa Morra, un barrio otrora residencial, hoy muestra torres corporativas y centros comerciales que reflejan el boom inmobiliario alimentado por la inversión extranjera. El Gobierno quiere aprovechar la exposición para atraer más capitales y mostrar una ciudad en transformación, pese a que la bonanza sigue concentrada en ciertas zonas y no alcanza a todo el país.
Los debates se centran en cómo movilizar al sector privado para complementar los recursos públicos del BID. El presidente de la entidad, Ilan Goldfajn, presumió que en 2025 el banco movilizó 35.000 millones de dólares, un 50 % más que en 2022, y subrayó que la clave no es la escala, sino el impacto: “Las empresas invierten e innovan; los gobiernos deben crear condiciones estables y reglas claras”. Para Paraguay, la reunión fue precedida por el anuncio de un programa de financiación de 2.700 millones de dólares, de los cuales 2.000 millones se destinarán a proyectos privados y 700 millones a obras públicas. Entre ellos figura una planta de celulosa de Paracel S.A. que aspira a crear un polo industrial forestal.
Uno de los ejes de la agenda es construir cadenas de valor en minerales críticos como litio, cobre, níquel y tierras raras, esenciales para baterías e inteligencia artificial. Los delegados también debatieron sobre cómo integrar mejor a los países de la región, mejorar la infraestructura y coordinar políticas ante un mundo fragmentado. El valor geopolítico de Paraguay, situado entre el Pacífico y el Atlántico, despierta interés, pero expertos alertan que la apertura económica debe ir acompañada de mejoras en educación, salud y transparencia. La sociedad civil, presente en seminarios paralelos, reclamó ser socia y no mera beneficiaria de proyectos que afectan sus territorios.
El esplendor de torres y autopistas contrasta con barrios periféricos sin servicios básicos. Para analistas, el desafío es evitar que el crecimiento replicado en Villa Morra se convierta en una burbuja excluyente. El liderazgo de Paraguay en la reunión del BID le permite impulsar debates sobre sostenibilidad, transición energética y justicia social, pero también lo expone a críticas sobre su propio modelo. Los movimientos sociales exigieron participación en la toma de decisiones y denunciaron que las exenciones fiscales y la atracción de capital extranjero pueden profundizar desigualdades si no se traducen en empleos y bienestar.

El cierre de las reuniones subrayó que la región tiene la oportunidad de convertirse en proveedor clave de minerales y energías limpias en un mundo en transición, pero eso exige un equilibrio delicado entre inversión y protección ambiental. Asunción, convertida en escenario global, reflejó las tensiones de un continente que busca crecer sin repetir viejos errores. El éxito de Paraguay como anfitrión no dependerá solo de la cantidad de acuerdos firmados, sino de su capacidad para impulsar una agenda inclusiva que combine desarrollo, sostenibilidad y participación ciudadana.