En lo más alto de los Alpes franceses, donde el paisaje combina belleza extrema y riesgos constantes, un grupo de rescatistas se enfrenta cada invierno a una de las amenazas más impredecibles de la montaña: las avalanchas. Entre finales de diciembre de 2025 y mediados de febrero de 2026, al menos 28 personas murieron en estos aludes de nieve, un número que volvió a poner en primer plano el trabajo del Pelotón de Gendarmería de Alta Montaña (PGHM).
Esta unidad especializada de la Gendarmería francesa fue creada en 1958, tras una serie de accidentes mortales en el macizo del Mont Blanc que evidenciaron la necesidad de equipos profesionales de rescate en zonas de alta montaña. Desde entonces, sus integrantes se convirtieron en una referencia mundial en operaciones alpinas.

Cada invierno, los equipos del PGHM responden a cientos de emergencias, desde esquiadores perdidos hasta alpinistas atrapados en paredes rocosas o víctimas sepultadas por avalanchas. Uno de los centros más activos es el destacamento de Chamonix, ubicado a los pies del Mont Blanc, la montaña más alta de Europa occidental.
Las avalanchas se producen cuando grandes masas de nieve se desprenden de una ladera y descienden a gran velocidad. En algunos casos pueden alcanzar más de 100 kilómetros por hora, arrastrando nieve, hielo y rocas en su camino. En cuestión de segundos, una persona puede quedar completamente enterrada bajo metros de nieve compacta.

Los especialistas señalan que los primeros 15 minutos después de una avalancha son cruciales para la supervivencia. Pasado ese tiempo, el riesgo de asfixia aumenta drásticamente. Por eso, la rapidez de los rescatistas puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Para localizar a las víctimas, los equipos utilizan perros entrenados para detectar personas bajo la nieve, sondas metálicas y dispositivos electrónicos que permiten rastrear transmisores de emergencia que muchos esquiadores llevan consigo. En muchas ocasiones, el rescate comienza desde el aire, con helicópteros que sobrevuelan la zona mientras los especialistas descienden mediante cables.

Sin embargo, cada operación implica riesgos incluso para quienes intentan salvar vidas. Las condiciones meteorológicas en alta montaña pueden cambiar en minutos, con vientos intensos, visibilidad reducida y temperaturas extremas. Además, existe siempre el peligro de que se produzcan nuevos desprendimientos de nieve durante el rescate.
El invierno reciente fue particularmente complicado debido a capas de nieve inestables, generadas por tormentas sucesivas y cambios bruscos de temperatura. Estas condiciones crean estructuras frágiles dentro del manto de nieve que pueden colapsar con facilidad, especialmente cuando esquiadores o excursionistas se desplazan fuera de las pistas señalizadas.
A pesar de los riesgos, los rescatistas del PGHM continúan interviniendo cada vez que suena la alarma. En algunos inviernos, los equipos del macizo del Mont Blanc pueden realizar más de mil operaciones de rescate, convirtiendo a esta unidad en uno de los servicios de salvamento en montaña más activos del planeta. Para quienes trabajan allí, la montaña es tan fascinante como peligrosa. Y cada misión es una carrera contra el tiempo en uno de los entornos más imponentes de Europa.