Durante las primeras horas del escándalo que rodea al jefe de Gabinete Manuel Adorni por el uso de vuelos privados y su participación en viajes oficiales, hubo una ausencia que llamó la atención en la política: el silencio de Patricia Bullrich. La ex ministra de Seguridad, habitualmente una de las voces más activas del oficialismo, evitó pronunciarse en redes sociales o en declaraciones públicas, un gesto que rápidamente fue interpretado como una señal de las tensiones internas dentro del gobierno de Javier Milei.
La ausencia de una reacción pública contrastó con la actitud que Bullrich mostró en otras polémicas recientes. Durante la campaña de 2025, por ejemplo, fue una de las primeras dirigentes en exigir explicaciones al diputado José Luis Espert en medio de una controversia electoral. Por eso, en el oficialismo y en la oposición muchos esperaban su posicionamiento frente al caso Adorni.
El silencio duró varios días. La única señal política de Bullrich fue retuitear mensajes de respaldo al jefe de Gabinete y acompañar un documento firmado por el bloque de La Libertad Avanza en el Senado. Pero no hubo una declaración propia ni un intento de salir a ordenar el debate público, algo que suele caracterizar su estilo político.
En el entorno político libertario interpretan esa cautela como un reflejo de la relación cada vez más tirante entre Bullrich y Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y principal armadora política del oficialismo. La figura de “El Jefe”, como la llaman dentro del espacio, se consolidó como la autoridad que define estrategias y alineamientos dentro del gobierno.
La tensión entre ambas dirigentes no es nueva, pero en las últimas semanas volvió a quedar expuesta en distintos episodios internos. Algunos legisladores del oficialismo incluso deslizan diferencias en el trato político y en la conducción del espacio, lo que generó roces dentro del bloque libertario en el Congreso.

En ese contexto, el silencio de Bullrich fue leído como un movimiento calculado. La senadora mantiene un peso político propio dentro del electorado libertario y conserva una red de aliados construida durante años en distintos espacios, desde su paso por el PRO junto a Mauricio Macri hasta su incorporación al gobierno de Javier Milei.
La incógnita que atraviesa hoy al oficialismo es cuánto pueden escalar esas tensiones internas. En la política recuerdan que Bullrich ha demostrado en otras etapas una capacidad singular para redefinir alianzas y disputar poder. Por ahora eligió callar. Pero, en un gobierno donde las internas suelen hacerse públicas, ese silencio también se convirtió en un mensaje.