La Finalissima entre la Selección Argentina y España, pactada para el próximo 27 de marzo, atraviesa una incertidumbre total. Tras la cancelación del Lusail Stadium en Doha por el conflicto bélico en Medio Oriente, las negociaciones entre UEFA y CONMEBOL no avanzan y se amenaza con dejar el trofeo vacante.
La crisis estalló cuando la UEFA, presidida por Aleksander Ceferin, propuso mudar el encuentro al Santiago Bernabéu de Madrid. La respuesta desde Viamonte fue tajante.
Claudio "Chiqui" Tapia rechazó de plano la localía española, exigiendo un escenario neutral. "España quiere que se juegue en España y yo quiero que se juegue en el Monumental", dijo el presidente de la AFA cuando salió de los tribunales luego de declarar en la causa judicial por aportes previsionales. Fue una ironía: el 27 de marzo hay un recital en el estadio de River.
Con el respaldo de Alejandro Domínguez, titular de CONMEBOL que viajó de urgencia a Buenos Aires, la dirigencia sudamericana puso sobre la mesa tres opciones europeas que garantizan la neutralidad: Portugal (Lisboa u Oporto), Italia (Roma o Milán) o Inglaterra (Londres, excluyendo Wembley).

Sin embargo, el tiempo es el peor enemigo. A solo 13 días de la fecha estipulada, la falta de una sede confirmada impide la logística de viajes, seguridad y venta de entradas. En medio de la desesperación, circuló una insólita propuesta de jugar una final a ida y vuelta, algo que desde el cuerpo técnico de Lionel Scaloni descartan por el desgaste físico que implicaría cruzar el Atlántico dos veces a tres meses del Mundial.
La UEFA deberá responder este fin de semana. Si Ceferin se mantiene intransigente con la opción de Madrid, la Finalissima podría postergarse indefinidamente o cancelarse. Esto obligaría a la AFA a buscar amistosos de urgencia en Europa para no perder la ventana FIFA y llegar con rodaje a la cita mundialista.