Trabajadores del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) alertaron sobre un plan de recortes que impulsa el gobierno de Javier Milei a través del Ministerio de Defensa y que podría derivar en un fuerte achicamiento del organismo. Según versiones que circulan dentro de la institución, la planta actual —que ronda las 900 personas— podría sufrir hasta 700 despidos, una cifra que, advierten los trabajadores, dejaría al sistema al borde de la parálisis operativa.
El SMN es un servicio técnico que opera las 24 horas del día, todos los días del año, con estaciones distribuidas en distintos puntos del país que registran datos esenciales de la atmósfera, como temperatura, presión, humedad, viento o precipitaciones. Esa información alimenta los modelos de pronóstico y permite emitir alertas meteorológicas ante fenómenos extremos.
El #Cientificidio continúa. El SMN (Servicio Meteorológico Nacional) de la Argentina está en riesgo!
— Adriana Cristina Serquis (@aserquis) February 26, 2026
Ayer lo visitó Alejandro Tamer, el brazo ejecutor de la motosierra de Milei. Es quien trabaja con Sturzenegger y es temido por los trabajadores por su maltrato y amenazas.… pic.twitter.com/ZIHzCBYM7M
De acuerdo con trabajadores del organismo, varias áreas ya operan al límite por la falta de personal. En numerosos sectores, los turnos se cubren mediante horas extras para garantizar que las estaciones meteorológicas no queden sin observadores. Si el recorte se concreta, advierten, algunas de esas estaciones podrían cerrar directamente por falta de técnicos.
Uno de los ámbitos más sensibles es el sistema de observación en aeropuertos, donde los meteorólogos registran en tiempo real variables clave como visibilidad, viento o presión atmosférica. Esos datos son utilizados por pilotos y controladores aéreos para garantizar despegues y aterrizajes seguros. Sin esa información actualizada, sostienen los especialistas, la actividad aérea podría enfrentar mayores riesgos operativos.
El impacto también alcanzaría al sistema de alertas tempranas que el organismo emite ante tormentas fuertes, inundaciones, granizo u olas de calor. Estas advertencias permiten que la población se prepare y que las autoridades tomen medidas preventivas para reducir daños. Si disminuye el número de técnicos encargados de monitorear radares y sistemas de pronóstico, la capacidad de anticipar fenómenos severos podría verse afectada.
Otro sector que depende directamente de la información meteorológica es el agro. Los datos y pronósticos del SMN son utilizados por productores para decidir momentos de siembra y cosecha, planificar el uso del agua o anticipar eventos climáticos que puedan afectar los cultivos. La pérdida de estaciones meteorológicas implica menos datos locales y, por lo tanto, pronósticos menos precisos.

Además, la meteorología funciona como una red global de intercambio de información. Cada país aporta registros que luego se integran en modelos climáticos internacionales utilizados para estudiar el comportamiento de la atmósfera. Una reducción significativa de la red de observación argentina no solo afectaría la calidad de los pronósticos locales, sino también la información que el país aporta a ese sistema mundial.
Ante este escenario, trabajadores del organismo advierten sobre el riesgo de un verdadero “apagón meteorológico”. Señalan que la dotación actual ya es inferior a la necesaria para sostener todos los servicios y que un recorte masivo podría implicar no solo despidos, sino el desmantelamiento progresivo de un sistema clave para anticipar tormentas, proteger vidas y planificar numerosas actividades económicas en el país.
El Servicio Meteorológico Nacional es uno de los organismos científicos más antiguos del país. Fue creado el 4 de octubre de 1872, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, con el objetivo de comenzar a registrar de manera sistemática los fenómenos atmosféricos en el territorio argentino.
En sus inicios funcionó como Oficina Meteorológica Argentina, considerada la primera institución meteorológica de América del Sur, y estuvo dirigida por el científico estadounidense Benjamin Apthorp Gould. Desde entonces, el organismo fue ampliando su red de observatorios y estaciones a lo largo del país, convirtiéndose en la base del sistema nacional de pronósticos y alertas climáticas que hoy utilizan la aviación, el agro y los servicios de emergencia.