Desde comienzos de los 2000 hasta hoy, los casinos online en Latinoamérica se han hecho cada vez más prevalentes, no solo como fenómeno de entretenimiento, sino como un pilar del desarrollo económico digital.
Su crecimiento ha hecho que se implementen nuevas herramientas de servicios digitales que ayudan a movilizar el gasto online, dinamizar pagos electrónicos y generar oportunidades de ingresos para una amplia red de actores económicos. Todo esto lo vemos reflejado en dos de los mercados más grandes de la región: el de Chile, que está en proceso de legalización, y el de México, regulado por la SEGOB.
A diferencia de los casinos físicos, los casinos online son digitales en su totalidad. Cada transacción depende de infraestructura tecnológica, medios de pago electrónicos, servicios de verificación de identidad, sistemas de prevención de fraude y canales de marketing digital que facilitan el poder jugar a juegos de casino con dinero real desde donde sea.
Todo esto viene dado en una región donde los pagos en línea son cada vez más comunes. Esto se ve en informes del Banco Mundial y de organismos regionales que muestran un gran crecimiento de los pagos digitales en LATAM gracias a nuevas billeteras electrónicas y sistemas de pago en línea.
Los operadores de casinos en línea, y de otras formas de entretenimiento online, tienen herramientas para crecer más que nunca, pues ahora casi cualquier ciudadano tiene acceso a sistemas de pagos en línea.
México tiene uno de los mercados de casinos online más grandes de la región y es uno de los países con regulaciones más sólidas de todo el continente, siguiendo de cerca el ejemplo de Colombia. Es un mercado que genera miles de millones de dólares anuales y tiene proyecciones de seguir creciendo en los próximos años.
Desde el punto de vista económico, México es un ejemplo de mercado operativo, donde el debate ya no gira en torno a la existencia del fenómeno, sino a cómo se reparte su valor. Los operadores pagan impuestos específicos sobre los ingresos del juego, mientras que empresas de pagos, marketing de afiliados, software y servicios de cumplimiento capturan una parte significativa del gasto generado.
Todo depende de la Secretaría de Gobernación (SEGOB), que otorga permisos bajo la Ley Federal de Juegos y Sorteos. A esto se suma una carga impositiva elevada a través del IEPS, lo que convierte a México en un caso interesante de análisis, pues si bien está en constante crecimiento, los operadores están sometidos a una gran presión financiera.
Aunque hay mexicanos que prefieren apostar en sitios internacionales en búsqueda de mejores cuotas, el mercado nacional sigue siendo competitivo y es un caso de estudio para países que buscan regularizar el juego online en su territorio, como Chile.
Chile se encuentra en una situación particular. El país cuenta con uno de los ecosistemas de pagos digitales más avanzados de la región, en el que más de un 90% de la población adulta cuenta con acceso a cuentas, gracias principalmente a las cuentas vista como la Cuenta RUT de Banco Estado.
A eso se suma el hecho de que la demanda por plataformas de casino online existe desde hace años, pero Chile sigue sin regularizar los casinos online y los chilenos han de visitar portales internacionales para poder jugar.
El proyecto de ley que regula las apuestas online, impulsado por el Ministerio de Hacienda de Chile, busca legalizar los casinos en el país y permitir a la Superintendencia de Casinos de Juego regularlos. De este modo, se podrá recaudar impuestos y ofrecer mejores protecciones a los jugadores.
El gobierno busca convertir el gasto digital, que hoy es disperso, en una base tributaria identificable, pero sin ahogar a los operadores para que Chile sea un mercado atractivo. El país está en una situación peculiar, donde no se necesita crear un mercado, sino formalizarlo, como ocurrió en Perú en 2024.
Uno de los aspectos menos visibles, pero más relevantes, del casino online es su capacidad de generar “derrames económicos”. Los pesos se reparten entre todo tipo de actores y no se concentran en un solo lugar: procesadores de pago, proveedores de tecnología, empresas de ciberseguridad, plataformas de publicidad digital y redes de afiliados buscan obtener una parte de las ganancias, lo cual crea un reto tributario bastante particular.
Por eso, es importante considerar costos al momento de analizar casinos en línea. A esto hay que sumar requerimientos de prevención de lavado de dinero, protección al consumidor y juego responsable. Tanto en México como en Chile, estos elementos forman parte central del debate regulatorio, no solo por razones sociales, sino también para proteger la credibilidad del sistema financiero digital.
De cualquier forma, tanto en México como en Chile, los juegos de casino online crean una industria que, si está bien regulada, puede integrarse de forma productiva a la economía digital regional. México lleva uno de los más grandes estandartes de juego online en la región, y Chile seguramente lo seguirá en los próximos meses o años.