Un contacto con una productora extranjera fue el germen de esta idea. Lucas Santa Ana había hecho Los agitadores de Marco Berger y había conocido a Murray Dibbs, de Matchbox Films, que quería seguir invirtiendo en la industria cinematográfica argentina. A él se sumó el alemán Bjorn Koll y fue suficiente para que Lucas, poniendo un poco de plata de su bolsillo, pudiera darle forma a 300 Cartas, la historia de desamor entre Tom (Gastón Frías) y Jero (Cristian Mariani) atravesada por la toxicidad que vimos en 500 días con ella y El objeto de mi afecto, “referentes directos” para pensar esta historia.
“Siempre uno habla desde uno. Hablo mucho de lo que veo en el mundo y hablo desde mí, de lo que veo en mí también”, explicó Lucas Santa Ana en su paso por El living de NewsDigitales, donde marcó dos puntos de partida para 300 cartas: un social y otro personal. El primero es nuestro vínculo con las redes sociales y los teléfonos celulares, y cómo decanta en una “doble vida”, la que mostramos y la que tenemos. “Ahí hay una primera referencialidad distinta entre quién soy y quién muestro. Y entre ese quién soy y quién muestro también es quién es el otro y a quién veo en el otro. O sea, veo al otro realmente o veo mis prejuicios sobre vos, mis deseos sobre vos; esa transferencia que hacemos”, señaló el director que también hizo Yo adolescente. El costado autorreferencial vino de un amor fallido y de un exnovio que lo dejó y que al tiempo le reconoció que pensó en despedirlo yéndose de la casa y dejando una copia del libro de Osvaldo Bazán Y un día Nico se fue sobre la mesa.
300 cartas nos muestra a Jero y Tom, que se conocen a través de una app de citas y conectan inmediatamente de forma sexual. Claro, cuando esa chispa termina salen a la luz las diferencias abismales. Forman parte de dos “tribus”, como las define Lucas, completamente diferentes. “Siempre tengo una idea que es ‘pinta tu aldea, pintarás el mundo’. Yo hablo de mi aldea, la comunidad gay, los varones gays. Entonces, bueno, ¿qué veo que pasa en la comunidad gay? En la comunidad gay en este momento hay varias tribus internas: los estetas, las musculocas, como se les dice de manera despectiva; los esnobs, poetas intelectuales; los osos; los queer. Hay todo un mundo de tribus y noto que entre esas tribus hay a veces picas. Como de no se juntan tanto, sino que más se subdividen. Habiendo estudiado mucho sobre el movimiento LGBT y sobre los reinicios en la democracia, esas diferencias en lugar de separar, unían. los gays, se unieron a las lesbianas, a los transexuales para poder tener hoy un movimiento y una comunidad. Entonces, en ese unirse hizo fuerza. Ahora siento que la división nos debilita. Entonces, es una película que está pensada en términos temáticos hacia nosotros mismos para pensarnos qué nos está pasando y qué estamos haciendo. Nos debilitamos frente a un mundo que en este momento nos está discriminando, nos está siendo violento, nos está violentando y tenemos que empezar a unirnos de vuelta”, señaló el director.
La película se apoya en la idiosincrasia de la comunidad LGBTQ+ argentina y de ahí pretende volverse universal. Sí, los personajes y el mundo que transitan está atravesado por la homosexualidad, pero el vínculo es universal. Y tan universal como pueda serlo, porque según cuenta Santa Ana, 300 cartas “fue pensada for export” y se vendió primero en países como Estados Unidos, Francia, Alemania, Inglaterra, Australia y México. Y además, ya hizo unos 25 festivales LGBTQ+ de todo el mundo.
Aunque la película se ofreció a festivales Clase A como el de Berlín en Alemania, donde, según cuenta Lucas, les gustó la película pero “no era lo que estaban buscando”, la pensaron para festivales de la comunidad LGBTQ+. Siempre pensando en apuntar alto, en meterla dentro de uno de los 5 más importantes del mundo con el objetivo de que eso le dé tracción. Y no le erraron para nada.
“La película arrancó en el Festival Roze Filmdagen de Amsterdam, que está en el ranking. En cuanto salió la programación de Roze Filmdagen, al día siguiente el agente de ventas ya tenía pedidos de por lo menos 10 festivales para la película”, reveló Santa Ana. Por supuesto, no se puede ir a todos porque no hay plata y porque no todos tienen los recursos para invitar a sus agasajados. “Había una lista de festivales para los cuales te subsidiaban para poder viajar y poder presentar y estar ahí, poder hacer visible nuestro cine. Mucho más se ve una película cuando está el director o los actores presentando en la sala que cuando no está”, recordó Santa Ana en relación con un INCAA cada vez más desguazado.

Así que se tuvieron que conformar con enviar una copia y que la película haga lo suyo. Y mal no les fue: pasó Roze Filmdagen, pasó Italia Lovers, pasó en España el Fire y los llamaron del Frameline para presentar la película en San Francisco. “Querían la película y nos querían a nosotros presentando la película. Entonces, mandaban plata para que pagáramos parte de los pasajes, no la totalidad, pero apoyaron. Entonces, en ese sentido también Cristian y Gastón, entendiendo que era un gran festival, dijeron, ‘Nosotros también queremos ir’. Lo que mandaron de plata lo repartimos entre los tres, cada uno se pagó parte de su pasaje y fuimos a presentar en una sala con 300 personas llena”, explicó el director, que reconoció que fue una experiencia gratificante.
“Más allá de la crisis económica que estamos viviendo como país en general y luego la crisis económica cultural que estamos viviendo. La inflación que hemos vivido en los últimos años hace que nuestro país se haya vuelto caro para filmar”, dijo con cierta bronca Lucas Santa Ana. Estamos en una situación en la que muchas productoras eligen ir a filmar a Uruguay (como el caso de Porno y Helado de Prime Video) porque es más económico. También se van a filmar a Chile y a Colombia.
“Pero no dejamos de ser un país dentro del cono sur a donde se nos mira. O sea, todo el mundo mira lo que se hace en Argentina. Somos un polo audiovisual importante. O sea, estamos en todos los festivales internacionales, nuestras películas ganan”, contó con orgullo el director. Acto seguido, pasó a remarcar lo importante que es tener una industria cinematográfica de peso: “Traemos al país muchísimos recursos como audiovisuales, o sea, somos una industria pujante y que ingresa recursos al país, recursos que además se gastan acá en el país. Somos un porcentaje chiquito, pero un porcentaje chiquito grande dentro del PBI. Yo traje dos coproductores que pusieron plata y la plata se gastó acá. Y no es que solamente se gastó en técnicos y actores. No, la película derrama dentro del mundo económico mucho más, porque yo contrato proveedores, esos proveedores tienen familias, contrato un restaurant para ir a comer, entonces el restaurant… eso genera IVA, genera ingresos brutos, genera un montón de impuestos que van al fisco. Entonces, somos una industria igual que cualquier otra”.

¿Qué hay que hacer para apoyar a esta industria? Fácil: ver sus películas. En el caso de 300 cartas, que ya tuvo su estreno con éxito en ciudades como Rosario, actualmente se puede ver en el Centro Cultural de la Cooperación todos los miércoles 20.30 horas, donde van a estar lo que queda de marzo y también en abril. Además, se confirmó que van a proyectar la película en el Gaumont una semana entera, entre el 26 de marzo y el 1 de abril, mientras que en Semana Santa Lucas viajará a Mendoza para presentar una película para la que están gestionando proyecciones en Córdoba, La Plata, Mar del Plata, Paraná, algo en algo en Corrientes, Salta y Jujuy. “Quiero que la película llegue a todo el país”, señaló el director.
“Nuestras películas, las más chiquititas, necesitan de tiempo para establecerse. Fijate lo que pasó con La Virgen de la Tosquera. La Virgen de la Tosquera empezó más chico porque no habían conseguido la sala, supuestamente, según escuché los rumores, y como explotó en esas primeras dos semanas, pum, consiguieron los multicines. Es entonces darle tiempo, porque el boca en boca hace que la película pueda estar. Necesitamos tiempo a veces nuestras películas para que la gente pueda llegar a ella”, cerró el realizador.