17/03/2026 - Edición Nº1134

Sociedad


Argentina ante el desafío tecnológico

Sergio Candelo: “La inteligencia artificial es una bomba de tiempo si no se usa bien”

16/03/2026 | El economista y referente del sector tecnológico analizó el estancamiento del empleo privado, el potencial exportador argentino y el impacto de la IA.



La conversación con Sergio Candelo no se queda en la fascinación superficial por la inteligencia artificial. Va bastante más allá. Economista, titular de Snoop Consulting y ex presidente de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), Candelo trazó en El living de NewsDigitales un mapa que conecta la crisis del empleo argentino, el talento local que se exporta al mundo, la falta de competitividad para radicar empresas en el país y una transformación tecnológica que, según advirtió, ya está cambiando no solo la productividad sino también la manera en que pensamos, debatimos y vivimos.

Su diagnóstico es doble. Por un lado, ve en la economía del conocimiento una de las grandes oportunidades estratégicas de la Argentina. Por otro, alerta que la irrupción de la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta formidable o en un riesgo serio, según cómo se la use. “La inteligencia artificial es un asistente tuyo, te ayuda, pero no sabe qué no sabe y no sabe lo que sabe. Entonces es una bomba de tiempo si vos tomás y lo pasás”, resumió.

De la economía al software

Candelo contó que comenzó estudiando Licenciatura en Administración, pero pronto se volcó a Economía, una disciplina que lo atrapó más por su lógica y su capacidad de interpretar procesos amplios. Sin embargo, su recorrido profesional cambió cuando, a comienzos de los 2000, se sumó junto a amigos al desafío de construir una empresa tecnológica.

No venía del mundo de la programación, pero sí de una intuición muy clara: la tecnología permitía hacer mejor, más rápido y con más eficiencia tareas que antes consumían mucho tiempo. Ese vínculo lo llevó a involucrarse de lleno en el sector y a transformarse, con los años, en una voz reconocida dentro de una industria que pasó de ser marginal a convertirse en uno de los motores más dinámicos del país.

Los números que aportó muestran esa transformación. “En el año 2000 había 25.000 empleos y hoy hay más de 160.000 solo en las industrias de software”, precisó. Y agregó que, si se cuentan también quienes trabajan en tecnología dentro de empresas de otros rubros, el universo podría ubicarse entre 300.000 y 350.000 puestos de trabajo.

Una industria con talento, pero con dificultades

Para Candelo, la Argentina tiene en el software y en la economía del conocimiento una ventaja competitiva comparable a la del agro o la energía. La razón no está en los recursos naturales, sino en el capital humano. “Tenemos muy buenos cerebros y con muy buenas ideas”, sostuvo. Y remarcó que el talento argentino es buscado en todo el mundo no solo por su formación, sino también por una resiliencia forjada en un país acostumbrado a la crisis.

En ese sentido, Candelo destacó que la economía del conocimiento se consolidó como uno de los motores del país: hoy está “cerquita de los 10.000 millones de dólares anuales” en exportaciones y se ubica como uno de los principales complejos exportadores, con el software explicando “unos 2.500 millones, un poquito más todavía”. Para el economista, se trata de “una linda forma de ver los pilares que puede tener Argentina para el crecimiento”.

Pero el problema aparece cuando ese talento debe competir desde la Argentina. Candelo explicó que, pese a los regímenes de promoción, el costo laboral local sigue siendo muy alto frente a otros países de la región. “El que tiene estar en un 70% de costo cuando países de la región, Chile está al 30 y Uruguay anda por ahí”, graficó. Esa diferencia no impide producir, pero sí vuelve más difícil radicar empresas en el país y sostenerlas con mirada internacional.

El país forma, pero no logra retener su talento

Uno de los puntos más filosos de la entrevista apareció cuando se habló del destino de muchas compañías creadas por argentinos. Candelo reconoció que la Argentina genera ideas, equipos y empresas de calidad global, pero no siempre logra que ese valor quede radicado localmente. En parte, porque los inversores prefieren estructuras más previsibles. En parte, porque la virtualidad y el trabajo remoto alteraron por completo la lógica de la localización.

“La tecnología y el software están como elevados del piso. Vos podés trabajar en cualquier lado del mundo y radicar una empresa en cualquier lado del mundo, independientemente de donde vivas”, explicó. A partir de esa transformación, muchos emprendimientos locales encontraron más razonable instalar sus domicilios fiscales en Uruguay, Brasil, Colombia, México o España antes que en la propia Argentina.

El caso uruguayo fue uno de los ejemplos que utilizó para describir esa fuga silenciosa. Según detalló, entre 2011 y 2021 Argentina aumentó sus exportaciones de software, pero Uruguay multiplicó las suyas de manera mucho más acelerada. Detrás de esa expansión, sugirió, también hay talento argentino operando desde un país que ofrece reglas más amigables.

El problema laboral argentino 

Candelo también se detuvo en una cuestión de fondo: la crisis del mercado laboral argentino excede largamente la discusión coyuntural sobre la reforma laboral. Su planteo fue claro: el país lleva más de una década sin crear empleo privado formal en términos significativos, y en el último año incluso se registró una caída.

“Desde el año 2011 más o menos que no se genera más empleo privado y en este último año ha caído el empleo privado”, afirmó. Pero enseguida sumó una advertencia más profunda: el empleo no desaparece, sino que muchas veces se desplaza hacia formas más precarias o informales. Por eso, dijo, discutir solo sobre el empleo formal en relación de dependencia es legislar sobre una parte acotada de la película.

Hoy Argentina tiene tal vez 20 o 22 millones de personas trabajando, pero en relación de dependencia hay seis”, remarcó. En ese contexto, aparecen figuras híbridas como el monotributista, el emprendedor por necesidad o los trabajadores de plataformas, que muchas veces quedan fuera de la protección tradicional sin que exista todavía una respuesta integral del sistema.

 

 

Inteligencia artificial: productividad sí, automatismo no

Una de las partes más potentes de la charla llegó con el análisis de la inteligencia artificial. Candelo la comparó con la aparición de la electricidad: una irrupción que inaugura un mundo nuevo, pero cuyos efectos profundos todavía no terminamos de comprender. “Yo creo que estamos más o menos como cuando apareció la electricidad y nadie sabía qué iba a pasar”, dijo.

Sin embargo, su mirada no es ingenua ni celebratoria en términos absolutos. Aseguró que la IA será decisiva para mejorar procesos y elevar productividad, pero insistió en que no puede usarse como una máquina de copiar y pegar. “Hubo casos de abogados que presentaron jurisprudencia de leyes que no existen”, recordó, para señalar hasta qué punto una herramienta poderosa puede volverse peligrosa cuando se usa sin criterio profesional.

Su planteo es que la IA no elimina la necesidad humana de comprender, revisar y validar. Al contrario: exige más criterio. “Si vos lo usás de esa manera, seguramente un trabajo que te llevaba antes 20 horas, ahora no es que te va a llevar dos minutos: te lleva dos horas, porque tenés que validar, ver, investigar de vuelta y demás, pero ganaste 18”, explicó.

Una sociedad que perdió profundidad

La entrevista también abrió un costado menos económico y más cultural. Para Candelo, el problema de fondo no es solo la tecnología, sino el modo en que la sociedad se deja moldear por ella. En su visión, las redes sociales, la lógica del impacto instantáneo y la conversación reducida a pocos caracteres están deteriorando la capacidad colectiva de pensar problemas complejos.

“Si todo se va a debatir por un tuit en X, que son 140 caracteres, obviamente nada lo vamos a estar tratando en profundidad”, planteó. Desde esa perspectiva, debates centrales como una reforma previsional o laboral quedan atrapados en el griterío, la simplificación extrema y el golpe de efecto.

Su diagnóstico va más allá de la Argentina. Cree que se trata de un fenómeno mundial en el que la tecnología empuja a la fragmentación, al cortoplacismo y a la pérdida de atención sostenida. “Te pasás dos, tres o cuatro horas por día scrolleando y te deja con poco tiempo para pensar otras cosas”, dijo. Y lanzó una imagen tan sencilla como inquietante: “Hay muchos chicos que tienen una mano sola porque la otra tiene el celular”.

Más tecnología para volvernos más humanos

A pesar de las alertas, Candelo no es pesimista. Al contrario, se define como alguien profundamente optimista respecto del potencial de la tecnología. Pero su optimismo no pasa por una fe ciega en la innovación, sino por la posibilidad de usarla mejor. Incluso planteó que herramientas como la inteligencia artificial pueden servir para hacer políticas públicas más eficaces y humanas, detectando con mayor precisión quién necesita ayuda, qué problema tiene cada familia y cómo asignar mejor los recursos.

“Soy muy optimista de la tecnología y creo que nos puede permitir volvernos más humanos”, sostuvo. La frase puede parecer paradójica, pero resume bien su mirada: en un mundo saturado de estímulos, velocidad y ansiedad, la tecnología también puede ayudar a reencontrar propósito, sentido y tiempo.

Sobre el cierre, dejó una definición que excede por mucho el debate técnico. “Para mí todo lo que hagas en tu vida, en tu día, en el trabajo, te tiene que gustar. Esa es la clave para que entonces la ansiedad frene”, afirmó. En tiempos donde la productividad parece haber colonizado todas las conversaciones, Candelo propuso otra pregunta: no solo qué podemos hacer más rápido con la inteligencia artificial, sino qué tipo de vida queremos construir con ella.

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