Hay fechas que marcan un quiebre en la historia del fútbol, y el 17 de marzo de 1991 es una de ellas. Ese día, en el Estadio San Paolo, Napoli venció 1-0 al Bari con un gol de Gianfranco Zola, pero el resultado deportivo fue una anécdota por lo que pasó en los vestuarios.
Diego Maradona, el ídolo máximo de la ciudad, fue sorteado para el control antidoping junto a su compañero Zola. El resultado de ese test, que arrojó positivo por restos de cocaína, no sólo le costó una suspensión de 15 meses, sino que marcó el abrupto y doloroso final de su época dorada en Italia.
Aquel domingo fue el principio del fin para el "Diez" en el Calcio. La noticia del positivo corrió como pólvora y para Maradona, lo que pasó no fue una simple cuestión de salud o reglamento, sino una conspiración orquestada desde las altas esferas del poder.
En su autobiografía "Yo soy el Diego", el astro fue contundente sobre su interpretación de los hechos. "Me tocó el control antidoping y la vendetta se cumplió. La venganza estaba escrita, y al fin llegó", relató.
Según su visión, el sistema le pasó factura por haber eliminado a Italia del Mundial 90 en su propia casa y por aquel insulto televisado ("hijos de puta") al público que silbaba el himno argentino en la final de Roma.
"Yo le llamo el doping de Antonio Matarrese", disparó Diego, apuntando al entonces presidente de la Federación Italiana de Fútbol. "Ese doping era la venganza contra mí, porque Argentina había eliminado a Italia y ellos habían perdido muchos millones".

Su defensa siempre se basó en que la cocaína no era una droga para mejorar el rendimiento deportivo, sino un problema personal. "Solamente los ignorantes eran capaces de denunciar que yo sacaba ventajas con lo que tomaba. Si yo me dañaba era a nivel personal, y eso no me servía para hacer goles ni tirar caños", argumentó.
La sanción impuesta fue durísima: 15 meses de inhabilitación hasta el 30 de junio de 1992. Acorralado, Maradona decidió regresar a la Argentina el 1° de abril de 1991. Pero la paz no lo esperaba en Buenos Aires.
Apenas unas semanas después, la policía allanó su departamento en el barrio de Caballito, donde fue detenido por tenencia de estupefacientes, en un operativo mediático que expuso su drama al mundo.
Durante el tiempo de suspensión, Diego se mantuvo entrenando y jugando amistosos, apoyado por la AFA de Julio Grondona. Al cumplirse la condena, y pese a que Napoli aún era dueño de su pase, Maradona optó por no volver a Italia.
Su destino fue el Sevilla de España, reencontrándose con Carlos Bilardo, antes de sus pasos por Newell's y Boca, y de aquel otro doping que lo sacaría del Mundial 94.Aquel 17 de marzo, la magia de Maradona en el Napoli se apagó, dejando un legado de gloria deportiva, la felicidad de los humildes y postergados del sur de Italia y un final que combinó adicción, política y una "vendetta" que “el Diego” jamás olvidó.