La decisión del Gobierno nacional de avanzar en la flexibilización del sistema de vacunación contra la fiebre aftosa desde 2027, abrió una nueva grieta dentro del campo y reactivó tensiones con las entidades rurales.
La medida, impulsada por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, habilita a los productores a elegir veterinarios privados en lugar del esquema obligatorio coordinado por entes sanitarios o fundaciones.
El cambio apunta a introducir competencia en un sistema que en las últimas tres décadas funcionó con un esquema solidario, administrado por fundaciones y organizaciones locales en articulación con el Estado. Sin embargo, la iniciativa no logró consenso dentro del sector y expuso diferencias entre las principales entidades agropecuarias.
Mientras la Sociedad Rural Argentina se mostró a favor de la desregulación, otras organizaciones como Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y su confederada bonaerense, CARBAP, salieron a advertir sobre los riesgos del nuevo esquema.
ANTICASTA I. Pocos temas han merituado tanto trabajo este último año como la liberación del mercado para la vacuna aftosa. He dicho muchas veces que el sistema de castas se construye con un complejo entramado de regulaciones redundantes cosa que, si cae una, el beneficiario del… pic.twitter.com/w2FC0blOvh
— Fede Sturzenegger (@fedesturze) September 30, 2025
El punto de quiebre no es menor: la vacunación contra la aftosa es uno de los pilares sanitarios que permitió a la Argentina sostener su estatus internacional y acceder a mercados clave para la exportación de carne. Cualquier alteración en ese equilibrio, advierten desde el sector, podría tener consecuencias económicas de gran escala.
En ese marco, desde Carbap aseguran que el debate fue mal planteado desde el inicio. Según relatan, no hubo una instancia de consulta previa sino un anuncio directo en Expoagro que luego se formalizó en el Boletín Oficial, lo que generó malestar incluso entre quienes no rechazan de plano la modernización del sistema.
A esto se suma un elemento adicional: la diversidad del entramado productivo. Con casi la mitad de los productores en el país con menos de 100 cabezas, cualquier cambio en la lógica de costos y organización puede tener impactos desiguales y profundizar brechas dentro del propio sector.
En diálogo con NewsDigitales el presidente de CARBAP Ignacio Kovarsky, planteó una posición que busca correrse de la defensa corporativa, pero que al mismo tiempo enciende alertas sobre los riesgos de avanzar sin garantías en un tema sensible como la sanidad animal.
Uno de los ejes centrales del planteo de Kovarsky es despegar a la entidad de cualquier defensa de intereses sectoriales ligados al sistema actual, en respuesta a las críticas de sectores libertarios ante un reciente comunicado de CARBAP en el que planteaban reparos a la iniciativa .
“CARBAP no está defendiendo kioscos, no nos interesa defender ninguna fundación que esté haciendo malas cosas”, sostuvo.
En esa línea, remarcó que incluso fueron pioneros en plantear cambios dentro del propio sistema: “Fuimos la primera entidad que pidió que se dejen de vacunar categorías como el novillo” graficó, en referencia a la medida luego aplicada por el Gobierno, pero que significaba no abandonar para todo el rodeo vacuno las campañas de inoculación.
Ignacio Kovarsky, presidente de CARBAP“CARBAP pidió que el novillo no se vacune y resulta que los que no vacunan son los feedlots, después del resto del productores tenemos que seguir vacunando” contrastó
Pero puso un límite claro: “No podemos romper todo por un puñado de personas que no hacen las cosas bien, en todo caso hay que sancionarlos” dijo.
Más allá del posicionamiento político, el foco principal de la crítica está puesto en el impacto sanitario de la medida.
“Esto no es un tema técnico de desregulación, es un tema sanitario”, enfatizó Kovarsky, marcando diferencias con la lógica que impulsa el Gobierno.
El dirigente recordó antecedentes recientes para ilustrar sus temores: “Ya nos pasó con la encefalomielitis equina, dejó de ser obligatoria y tuvimos brotes por todos lados” indicó.
En ese contexto, lanzó una advertencia directa sobre esta enfermedad: “Si tenemos un brote de aftosa, olvídense de los precios actuales” razonó. Y reforzó: “Una vez que se nos meta la aftosa, fuiste”
Otro de los puntos clave es el funcionamiento actual del esquema, basado en una lógica solidaria. Según explicó el dirigente rural, el sistema permite que los costos se distribuyan entre todos los productores, garantizando cobertura incluso en zonas alejadas o con menor escala productiva. “El sistema es eficiente porque es solidario: llega a todo el mundo”, resumió.
En ese sentido recordó que el 50% de los productores del país tienen no más de 100 vacas y el 17% de los establecimientos tienen menos de 20
Sin embargo, advirtió que la desregulación podría fragmentar ese equilibrio: “El productor chico va a terminar pagando más caro” sostuvo.
La preocupación se centra en que los veterinarios prefieran ocuparse de los grandes rodeos por una cuestión económica, mientras que los más pequeños queden dentro de los entes sanitarios con mayores costos operativos o decidan directamente no vacunar para no afrontar los costos.
“Es muy probable que un profesional elija a un cliente grande. Porque no es lo mismo que te llame un cliente para vacunar 800 vacas mientras hace tacto, que te llaman para vacunar 20 vacas y que por ahí no hace tacto” detalló.
Más allá del diagnóstico, desde CARBAP insisten en que el principal problema es la falta de certezas sobre cómo funcionará el nuevo esquema.
“¿Quién va a garantizar que todos vacunen?”, planteó Kovarsky y subrayó: “Si todos no vacunaN, la aftosa entra y ahí no la parás”
El interrogante abarca aspectos críticos como el cumplimiento de los plazos de vacunación, el control de los productores y el mantenimiento de la cadena de frío. “Hoy hay que ir, insistir, llamar, y vacunar. Eso lo hacen los entes”, explicó.
Y apeló a una metáfora para sintetizar su postura: “No es quitar el semáforo porque alguien lo cruza en rojo” destacó.
Otro de los argumentos que puso sobre la mesa es que el costo de la vacunación no es el problema central. “Estamos hablando de unos 2.500 pesos, que es el 30% del kilo de ternero”, detalló.
#CARBAPdice
— CARBAP (@CARBAP_ARG) March 16, 2026
La sanidad animal es un pilar estratégico para la producción ganadera y para la inserción de la Argentina en los mercados internacionales.
La fiebre aftosa no se desregula. Se previene.
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En contraste, mencionó otros factores que afectan la rentabilidad, como impuestos provinciales y tasas municipales, que tienen un peso mucho mayor en la estructura de costos.
“Hay un montón de costos para bajar, las guías municipales que son obsoletas pero justo vamos a poner el foco en esto”, cuestionó.
Pese a las críticas, Kovarsky evitó un rechazo absoluto y dejó abierta la puerta a discutir cambios. “Bienvenido sea todo lo que sea avanzar en un sistema más eficiente, más moderno, pero que no sea a costa de la sanidad”, afirmó.
Y agregó: “En el momento en que tengamos certezas, vamos para adelante” dijo.
En ese sentido, planteó la necesidad de contar con información completa por parte del Estado y avanzar con mayor gradualismo en la implementación.
En el tramo final, Ignacio Kovarsky también se refirió a otro tema sensible para el sector: la posible adhesión de la Argentina al convenio UPOV 91, en el marco de negociaciones internacionales.
Según explicó, desde las entidades ya acercaron una propuesta al secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, con el objetivo de abrir una instancia de diálogo. “El productor quiere pagar, quiere reconocer la tecnología, pero con límites”, sostuvo.
Y lanzó una crítica contundente al esquema actual: “El UPOV 91 así como está nos condena, nos esclaviza”.
El planteo apunta a evitar un sistema que implique el pago de regalías extendidas en el tiempo y sobre distintos tramos de la cadena productiva.
“Tenemos que sentarnos con los semilleros y ponernos de acuerdo”, concluyó, en un mensaje que combina rechazo y apertura a la negociación.