La vida de Néstor Santiago -un empleado gastronómico plantese de 48 años- cambió para siempre en diciembre de 2021, cuando una falsa denuncia por abuso sexual marcó el inicio de un proceso judicial que, según su relato, derivó en una seguidilla de acusaciones y en la pérdida total del vínculo con su hija. Hoy, pese a haber sido sobreseído y absuelto en distintas instancias, cuenta que la situación no se modificó.
“Mi hija cumple 13 años el 28 y van a ser 4 años y 3 meses que no la veo”, asegura en una entrevista en el Living de NewsDigitales. La distancia no es solo temporal. “La vida se me va y el nexo de padre e hija ya está roto”, afirma.
Según reconstruye, el conflicto comenzó tras el inicio de una nueva relación. “Mi ex empezó a hostigarla, a mandarle mensajes. Después se comunicó con el exmarido de ella, que es abogado penalista… y ahí me empiezan a organizar una serie de falsas denuncias”, cuenta.
La primera acusación fue por abuso sexual. “Fueron varias falsas denuncias. En un primer momento fue una de abuso sexual, que esa fue la más grave”, relata. Sin embargo, esa causa fue descartada en el fuero correspondiente. “Me hacen una denuncia de abuso sexual en la que fui sobresedido de manera inapelable en primera instancia”, explica, y subraya que ese tipo de resoluciones no son habituales.
En paralelo, describe un escenario de presión constante. “Tuve cuatro pedidos de detención”, señala, y agrega que esa situación aún lo condiciona: “A veces me siento como que estoy con libertad condicional, que en cualquier momento puedo caer preso”.
A pesar de los resultados en la Justicia penal, el conflicto central permanece sin cambios: la imposibilidad de ver a su hija. “Yo pensé que habiendo sido sobresido de la causa de abuso sexual, me iban a revincular enseguida y no sucedió”, dice.
La crítica apunta directamente al fuero de familia. “El fuero de familia es terrible”, resume. Y explica por qué: “Se toma su tiempo y se agarra de leyes internacionales como la convención que dice que el niño tiene que ser escuchado. Yo respeto muchísimo que se la escuche a mi hija, pero escuchar mentiras…”.

Para Santiago, el problema radica en cómo se construye ese relato. “Está bien, hay que escuchar a la niña, pero ¿qué vas a escuchar? No estás escuchando a la niña, estás escuchando a la madre, porque la nena está alienada”, sostiene.
En ese sentido, describe el impacto que, según él, tuvo el proceso en su hija. “Le implantan cosas en la cabeza a la nena para que te odie. Le borra recuerdos hermosos que teníamos”, afirma. Y agrega: “La nena todo el tiempo dice ‘no lo quiero ver a mi papá porque violó a mi hermana’. Nadie le explica a la nena que eso es mentira. Nadie”.
El tiempo, en ese contexto, profundiza la distancia. “Imagínate que hace 4 años y 3 meses casi que no la veo”, insiste. Y el impacto no es solo emocional, sino también simbólico. “La vez pasada una amiga mía me dijo ‘mirá, vi a tu hija en TikTok’… me pongo los anteojos y reconozco a mi perro pero a ella no. Después si digo ‘es mi hija, está gigante’. Pero yo no la reconocí al principio y eso te pone mal, muy mal”, relata.
Aun así, Néstor asegura que mantiene una esperanza, aunque cada vez más lejana. “Yo quiero que sepa ella que las puertas de mi casa van a estar siempre abiertas”, dice. Y cierra con una frase breve, pero contundente: “La extraño mucho”.