El conflicto en Medio Oriente escaló con fuerza y ya impacta de lleno en los mercados globales.
Tras un ataque de Irán a instalaciones energéticas en la región, el precio del petróleo se disparó y encendió alarmas por un posible nuevo shock inflacionario.
Los futuros del Brent subían 6,02 dólares, o un 5,6%, hasta los 113,40 dólares por barril hacia las 10:37,consolidando una fuerte suba en la jornada.
Más temprano, el barril llegó a superar los USD 119, su nivel más alto en más de tres años y medio.
El aumento se produjo luego de que Irán atacara infraestructura energética en Medio Oriente, en respuesta a un bombardeo previo de Israel sobre el yacimiento de gas South Pars, uno de los más grandes del mundo.
El conflicto ya tuvo impactos concretos sobre la producción y la logística energética:
Qatar: ataques con misiles sobre Ras Laffan, donde operan las principales plantas de gas natural licuado (GNL) del mundo, con daños significativos
Shell: impacto sobre la planta Pearl (140.000 barriles diarios), lo que obligó a frenar la producción
Arabia Saudita: intento de ataque con misiles y drones a instalaciones gasíferas; también fue alcanzada la refinería SAMREF en Yanbu (con participación de Exxon), afectando temporalmente las cargas de crudo
Kuwait: un dron impactó en la refinería Mina al-Ahmadi, provocando un incendio de alcance limitado

El efecto no se limitó al crudo. Los precios del gas en Europa también se dispararon y alcanzaron su nivel más alto en más de tres años.
A su vez, los crudos de referencia en Medio Oriente (Dubai y Oman) marcaron primas récord, reflejando la tensión en la oferta energética.
La suba del petróleo tiene un impacto directo sobre la economía global: encarece combustibles, transporte y costos productivos.
De hecho, la Reserva Federal de Estados Unidos ya anticipó que el conflicto podría traducirse en mayor inflación en los próximos meses.
En paralelo, la administración de Donald Trump evalúa medidas para contener el impacto, entre ellas la posibilidad de liberar petróleo iraní retenido en buques, equivalente a unos 140 millones de barriles.
El escenario recuerda a otros episodios donde conflictos geopolíticos impulsaron fuertes subas en la energía, pero con una diferencia clave: la inflación todavía no está completamente controlada.
En un contexto de tasas elevadas y economías que aún lidian con presiones de precios, la suba del petróleo no hace más que profundizar un problema que sigue vigente.
Por eso, el temor en los mercados no es solo por el salto del crudo, sino por el impacto en cadena que puede tener sobre la inflación a nivel global.
Con información de Reuters