20/03/2026 - Edición Nº1137

Internacionales

Diálogos tenso

Estados Unidos y Cuba reactivan una vía sensible mientras Pekín negocia en París

20/03/2026 | Las conversaciones secretas entre La Habana y Estados Unidos coinciden con las complejas negociaciones comerciales entre Washington y Pekín.



Cuba sorprendió al admitir que mantiene negociaciones oficiales con Estados Unidos para aliviar el asedio económico y energético que padece. El presidente Miguel Díaz‑Canel reveló que los diálogos cuentan con el aval de Raúl Castro y buscan evitar un colapso total, aunque Washington impone como condiciones reformas de mercado y una apertura al sector privado. Tres meses sin que un petrolero extranjero atraque en la isla evidencian la gravedad de la situación. Mientras tanto, en París, altos funcionarios estadounidenses y chinos reanudaban sus propias conversaciones para evitar un nuevo choque comercial que paralice la economía global.

La reunión en la sede de la OCDE en París incluyó a responsables de comercio y finanzas de ambos gigantes. Los temas sobre la mesa son múltiples: aranceles, exportaciones de tierras raras, controles a la venta de semiconductores y la promesa china de comprar millones de toneladas de soja y gas licuado estadounidenses. El ambiente es tenso; la guerra en Irán ha acaparado la agenda de la Casa Blanca y pocos esperan avances concretos. Aun así, el encuentro sirve para mantener vivo un frágil armisticio económico y evitar que un deterioro repentino contagie a los mercados. El contraste con Cuba es brutal: allí se trata de obtener combustible para hoy; en París, de asegurar materias primas para la década.

Cuba 


Cuba, oficialmente República de Cuba, es un estado soberano, insular, ubicado en las Antillas del mar Caribe.

Dos frentes, un mismo juego

Tanto Cuba como China buscan ganar tiempo frente a un Washington dominado por la incertidumbre geopolítica. La isla caribeña sueña con suavizar las sanciones a cambio de liberalizaciones mínimas, mientras Xi Jinping presiona para que se levanten las restricciones a sus exportadores y se detenga la escalada de tarifas. Estados Unidos, por su parte, utiliza las conversaciones como moneda de cambio: exige reformas en La Habana y compromisos de compra en Pekín. La coincidencia temporal de ambos diálogos muestra que la administración Trump prioriza la política exterior como pieza de negociación comercial y viceversa. Cualquier concesión a la isla podría provocar críticas internas, del mismo modo que cualquier gesto hacia China genera presiones de lobbies industriales.

Sin embargo, las realidades económicas son distintas: Cuba no tiene reservas ni liquidez, mientras que China dispone de un poderoso sector manufacturero que resiste las sanciones gracias a su mercado interno. Si Washington no logra resultados tangibles en París, se incrementará la tentación de endurecer el bloqueo a Cuba como maniobra distractora. Por eso, para La Habana, cada conversación es vital: de ellas depende que pueda importar combustible y evitar una crisis humanitaria mayor. Para Pekín, en cambio, el objetivo es asegurar el acceso a tierras raras y mantener la continuidad de sus exportaciones tecnológicas hacia Occidente.


Cuba negocia discretamente con EE.UU. en busca de combustible y reformas.

Reformas o estancamiento

El denominador común de ambos procesos es la exigencia de reformas internas. En Cuba, las micro, pequeñas y medianas empresas esperan autorización para importar combustible y generar divisas; en China, el reto es moderar el control estatal sobre sectores estratégicos para satisfacer a sus socios comerciales. Sin estas reformas, la fragilidad seguirá alimentando la desconfianza global. La conclusión pragmática es que ningún país -ni siquiera una superpotencia- puede permitirse un aislamiento económico prolongado. La apertura al comercio y la transparencia en los acuerdos son la única ruta para atraer inversiones y estabilizar mercados. De lo contrario, el riesgo es que La Habana se hunda en la miseria y que la guerra comercial entre Estados Unidos y China arrastre al mundo entero a una recesión.


Washington y Pekín discuten aranceles, tierras raras y compras agrícolas.

En perspectiva, las negociaciones simultáneas revelan que la política exterior de la Casa Blanca se basa en el intercambio: se ofrece alivio a cambio de concesiones económicas y viceversa. Este patrón, aunque criticado, demuestra ser eficaz para un liderazgo que busca mantener la iniciativa tanto en el Caribe como en Asia. Para los cubanos, la esperanza es que su país deje de ser una ficha en un tablero geopolítico y encuentre un camino hacia la prosperidad mediante la liberalización. Para los empresarios estadounidenses, el deseo es que el conflicto con China no les obligue a pagar aranceles más altos ni a enfrentar escasez de componentes. En ambas historias, la palabra clave es la misma: negociar.