El PRO en la provincia de Buenos Aires atraviesa una encrucijada que ya no puede disimular: o se integra al armado de Javier Milei para sostener competitividad o intenta reconstruirse con una identidad propia que hoy aparece debilitada. La tensión, que se arrastra desde el cambio de gobierno, se volvió explícita en el relanzamiento partidario y empieza a ordenar —y desordenar— la estrategia hacia 2027.
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— PRO (@proargentina) March 20, 2026
El presidente del PRO bonaerense, Cristian Ritondo, sintetizó la posición de un sector mayoritario: “No hay alternativa que no sea ir juntos en Provincia”. La definición no solo apunta a una alianza con La Libertad Avanza, sino que también deja al descubierto el nivel de dependencia electoral del espacio frente a un oficialismo que hoy concentra el voto opositor al peronismo.
En ese esquema, Ritondo ratificó su respaldo a Diego Santilli como figura central en territorio bonaerense. Pero esa estrategia convive con una resistencia interna que advierte sobre el riesgo de disolución. La crítica más directa llegó de Manuel Passaglia, quien planteó que el PRO “perdió la identidad” y que la cercanía con el mileísmo dejó de ser táctica para volverse estructural.
El acto en Parque Norte encabezado por Mauricio Macri buscó mostrar un partido en pie, pero dejó más dudas que certezas. El exmandatario habló de un “próximo paso” después del ciclo libertario, marcó matices con el rumbo económico, pero evitó romper con el Gobierno. Esa ambigüedad refleja el problema de fondo: el PRO no logra definir si es aliado, oposición o una fuerza en transición.
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La provincia de Buenos Aires es el laboratorio donde esa indefinición se vuelve más concreta. Mientras un sector empuja una confluencia con el oficialismo, otro intenta construir volumen propio con nombres como Guillermo Montenegro, Néstor Grindetti o Pablo Petrecca. El problema es que ninguno logra, por ahora, consolidar una alternativa competitiva sin el respaldo del mileísmo.
Además, la posibilidad de un desdoblamiento electoral impulsado por Axel Kicillof acelera los tiempos y obliga a tomar definiciones. Sin estructura territorial suficiente ni liderazgo claro, el PRO enfrenta una paradoja: necesita a Milei para competir, pero esa misma alianza profundiza su crisis de identidad.
En ese equilibrio inestable, el macrismo bonaerense juega su supervivencia política. La discusión ya no es solo cómo ganar una elección, sino si el partido puede seguir existiendo como actor autónomo o termina absorbido por una nueva configuración del poder en la derecha argentina.