La República Argentina conmemora hoy el 25° aniversario de uno de los cambios de gabinete más determinantes de su historia económica contemporánea. La asunción de Domingo Felipe Cavallo como ministro de Economía ocurrió en un clima de urgencia nacional, tras el colapso del plan técnico previo y la necesidad de la administración de Fernando de la Rúa de recuperar la confianza de los mercados internacionales.
El retorno del funcionario fue recibido inicialmente con una imagen positiva cercana al 50%, ya que amplios sectores de la población todavía lo consideraban el único técnico capaz de "operar" sobre una economía en recesión sin recurrir a la devaluación. Sin embargo, el intento por sostener el régimen de convertibilidad derivó en una serie de medidas que profundizaron la desconfianza institucional y social.

El plan integral se estructuró sobre la defensa de la paridad cambiaria, la reactivación industrial mediante beneficios impositivos y una reestructuración de la deuda soberana que incrementó los pasivos del Estado en más de 30.000 millones de dólares.
Para comprender la irrupción de Cavallo en marzo de 2001, es necesario analizar el fracaso de su predecesor inmediato, Ricardo López Murphy. El anterior ministro había presentado un programa de ajuste fiscal que pretendía recortar el gasto público en 2.000 millones de pesos, equivalentes al 0,7% del Producto Interno Bruto de la época.

Las medidas incluían la eliminación de pensiones graciables y un recorte masivo en el presupuesto de las universidades nacionales. La propuesta no solo fue rechazada por la oposición y los sindicatos, sino que fracturó internamente a la propia Alianza gobernante, provocando la renuncia de López Murphy apenas quince días después de haber jurado su cargo.
La convocatoria a Cavallo fue presentada por la administración nacional como la incorporación de un "superministro" con facultades extraordinarias. En el acto realizado en el Salón Blanco de la Casa Rosada, el nuevo titular de la cartera económica se mostró enérgico frente a la imagen desgastada del mandatario radical.
En su primera conferencia de prensa, el economista afirmó que la paridad "uno a uno" entre el peso y el dólar era inamovible. Su objetivo primordial era reactivar la economía mediante la productividad, argumentando que la velocidad de la crisis impedía el tratamiento parlamentario ordinario de las medidas de emergencia.
Una de las herramientas operativas iniciales fue la implementación del Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios, conocido popularmente como el "impuesto al cheque". Este tributo fue diseñado para recaudar fondos de manera automática y cerrar el déficit fiscal sin depender de la voluntad de pago de los contribuyentes.

Asimismo, el ministro impulsó la Ley de Competitividad, que otorgó al Ejecutivo facultades legislativas delegadas, denominadas "superpoderes". A través de esta normativa, el Gobierno pudo modificar aranceles e impuestos por decreto, lanzando planes de exenciones fiscales y rebajas de aportes patronales para sectores industriales específicos.
En junio de 2001, Cavallo introdujo el Factor de Convergencia, una medida que establecía que el valor del peso para el comercio exterior se determinaría por un promedio entre el dólar estadounidense y el euro. La lógica técnica buscaba otorgar una devaluación encubierta de aproximadamente el 8% exclusivamente para los exportadores.
Sin embargo, esta "canasta de monedas" fue interpretada por los analistas e inversores como el principio del fin de la convertibilidad pura. La medida aceleró la desconfianza sobre la estabilidad futura de la moneda y generó las primeras dudas serias en los mercados financieros internacionales.
Ante la imposibilidad de acceder a créditos voluntarios para refinanciar vencimientos de deuda, el ministro lanzó el Megacanje en junio de 2001. La operación consistió en el canje de bonos con vencimientos cercanos por nuevos títulos con plazos de amortización de hasta 30 años.

Si bien el Megacanje logró postergar pagos por 16.000 millones de dólares en el corto plazo, el costo financiero fue elevado. Para convencer a los bonistas, el Estado ofreció tasas de interés de entre el 14% y el 16% anual en dólares, lo que incrementó la deuda total en más de 30.000 millones de dólares en términos de valor nominal de intereses.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), bajo la influencia de la subdirectora Anne Krueger, adoptó una postura de extrema dureza hacia la Argentina. Krueger consideraba que el país era el caso testigo para dejar de otorgar salvatajes financieros a naciones insolventes.

A pesar de que el gobierno anunció la Ley de Déficit Cero para reducir gastos automáticamente si caía la recaudación, el organismo se mantuvo inflexible. En diciembre de 2001, el FMI anunció que no liberaría un tramo pendiente de 1.260 millones de dólares del programa de blindaje, dejando al país sin su último prestamista de última instancia.
El 1 de diciembre de 2001, ante la fuga masiva de capitales, se anunció la instauración del corallito. Esta medida estableció un límite máximo de retiro de efectivo de 250 pesos o dólares por semana por cuenta bancaria y prohibió las transferencias de dinero al exterior.
El impacto social fue inmediato, paralizando el intercambio comercial básico en una economía que dependía fuertemente del efectivo. La clase media se sintió traicionada al no poder disponer de sus ahorros, lo que transformó la desconfianza inicial en protestas abiertas contra la figura del ministro.
La tensión escaló durante la primera quincena de diciembre con saqueos en varias provincias y el conurbano bonaerense. El 19 de diciembre, el Presidente decretó el Estado de Sitio, lo que provocó un cacerolazo masivo en los barrios de la Ciudad de Buenos Aires.
Una de las movilizaciones más significativas se dirigió hacia la esquina de Avenida del Libertador y Ocampo, donde residía el ministro de Economía. Los manifestantes rodearon el edificio exigiendo su renuncia, mientras el estallido social se extendía hacia la Plaza de Mayo y el Congreso de la Nación.
En la madrugada del 20 de diciembre de 2001, el ministro presentó su renuncia indeclinable. Horas más tarde, tras una jornada de represión policial que dejó cinco víctimas fatales en el centro porteño y decenas de heridos, el propio Fernando de la Rúa redactó su renuncia a las 18:47 horas.
La salida del mandatario en helicóptero desde la azotea de la Casa de Gobierno se convirtió en el símbolo del colapso institucional. El ciclo de la convertibilidad cerró definitivamente, dando paso a una compleja reconfiguración económica tras años de recesión y crisis de deuda.
TM