Chuck Norris, nacido como Carlos Ray Norris en Oklahoma en 1940, falleció el pasado 19 de marzo de 2026 en la isla de Kauai, Hawái, rodeado de su familia. La noticia sacudió al mundo del cine y del deporte, pues su figura trascendió la pantalla para convertirse en un símbolo cultural y marcial.
Antes de ser actor, Norris fue un competidor profesional de artes marciales, acumulando un récord de 183 victorias en 195 combates y consagrándose seis veces campeón mundial de karate entre finales de los años 60 y principios de los 70. Estos logros lo posicionaron como uno de los peleadores más dominantes de su época.
Su versatilidad lo llevó a obtener cinturones negros en Tang Soo Do, Taekwondo, Judo y Jiu-jitsu brasileño, además de fundar su propio sistema marcial, el Chun Kuk Do, que aún se enseña en academias de todo el mundo. Este estilo reflejaba su filosofía de disciplina, autocontrol y superación personal.
Más allá de los títulos, Norris fue un maestro y mentor. Formó a artistas como Robert Wall y Pat E. Johnson, quienes también dejaron huella en el cine y en la enseñanza de artes marciales. Su influencia se extendió a generaciones de practicantes que lo vieron como un referente de excelencia deportiva.
El salto al cine se dio gracias a su prestigio deportivo. Su papel como antagonista de Bruce Lee en “Way of the Dragon” (1972) lo catapultó a la fama internacional. De hecho, la escena del Coliseo romano fue mucho más que una coreografía: se trató de un enfrentamiento entre dos auténticos campeones.
Norris recordó años después que el legendario actor y deportista criado en Hong Kong lo invitó personalmente a participar en la película porque quería un rival “creíble” y con experiencia real en torneos. “Bruce me dijo que necesitaba a alguien que pudiera transmitir fuerza y respeto en pantalla, y que confiaba en mí para hacerlo”, declaró el norteamericano en una entrevista hace algunos años.
Por su parte, Bruce Lee explicó que la pelea debía ser un choque de estilos y filosofías. “No quería que fuera solo un combate físico, sino una representación de cómo la técnica, la velocidad y la inteligencia podían superar la fuerza bruta”, señaló en declaraciones recogidas por la prensa de la época. Lee insistió en que la escena debía mostrar la evolución del personaje y la importancia de la adaptabilidad en las artes marciales.
Con el reciente fallecimiento de Norris, su legado es doble: como campeón mundial de kárate y como estrella de acción en Hollywood. Su historia demuestra que detrás del mito cultural había un atleta real, con títulos, récords y una pasión por el deporte que lo convirtió en leyenda. Su partida marca el fin de una era, pero su influencia seguirá viva en los tatamis y en la memoria colectiva.