22/03/2026 - Edición Nº1139

Internacionales

Crisis ambiental

Glaciares en retroceso: la advertencia silenciosa del cambio climático

21/03/2026 | El derretimiento se acelera en todo el mundo y pone en riesgo reservas de agua, ecosistemas y ciudades enteras.



El hielo está desapareciendo. Y no es una metáfora. En todo el mundo, los glaciares retroceden a una velocidad que ya no sorprende a los científicos, pero sí preocupa cada vez más por sus consecuencias. Este 21 de marzo, el Día Mundial de los Glaciares llega con un mensaje claro: el planeta está perdiendo una de sus principales reservas de agua dulce, y el impacto ya empezó.

Un fenómeno que dejó de ser lejano

Durante años, el retroceso de los glaciares fue visto como un problema distante, limitado a regiones polares o montañosas. Hoy, esa idea quedó atrás. Desde los Alpes hasta el Himalaya, pasando por América del Sur, el deshielo se aceleró en la última década, impulsado por el aumento sostenido de la temperatura global. No se trata solo de paisajes que cambian. Se trata de sistemas naturales que empiezan a romper su equilibrio.

El efecto más inmediato del derretimiento es engañoso: más agua en ríos y lagos. Pero esa abundancia es temporal. Cuando los glaciares desaparecen, también lo hace su capacidad de almacenar agua, lo que deja a millones de personas expuestas a sequías cada vez más frecuentes y severas. En un mundo donde la demanda hídrica crece, este escenario abre un nuevo frente de tensión: el acceso al agua como recurso estratégico.


Desde los Alpes hasta el Himalaya, el deshielo avanza a un ritmo cada vez más rápido y altera ecosistemas clave.

Un indicador que no falla

Los glaciares funcionan como un termómetro natural del planeta. Su retroceso no admite interpretaciones: es una de las señales más visibles del avance del cambio climático. Lo que hoy ocurre con el hielo anticipa transformaciones más amplias. Cambios en las corrientes, en los ecosistemas, en la producción de alimentos. No es un fenómeno aislado. Es parte de un sistema en transformación.

En la Patagonia, Argentina concentra una de las mayores reservas de glaciares de la región. El Glaciar Perito Moreno, símbolo turístico y natural, fue durante años una excepción por su estabilidad. Sin embargo, los estudios más recientes advierten que ese equilibrio podría no sostenerse en el tiempo.

Más allá de su valor paisajístico, estos cuerpos de hielo son claves: regulan el agua que alimenta ríos, ciudades y actividades productivas. Su retroceso no sería solo ambiental. También tendría impacto económico y social.

En Argentina, la protección de estas reservas no es solo un tema ambiental, sino también político y económico. La Ley de Glaciares (Ley 26.639), sancionada en 2010, establece que los glaciares y el ambiente periglacial son bienes públicos protegidos y prohíbe actividades que puedan dañarlos, como ciertos proyectos mineros o petroleros.

La norma fue celebrada como un avance clave en la defensa del agua dulce, pero desde su origen estuvo atravesada por tensiones. Gobiernos provinciales y sectores de la industria minera cuestionaron sus límites, mientras que organizaciones ambientalistas denunciaron intentos de flexibilización.

Uno de sus pilares es el Inventario Nacional de Glaciares, que permite identificarlos y monitorear su evolución. Sin embargo, su implementación fue desigual y, desde su origen, la norma generó tensiones entre el Estado nacional, las provincias y sectores productivos. Hoy, esa discusión vuelve con fuerza. En el Congreso avanza un proyecto que propone modificar aspectos centrales de la ley, con el objetivo de redefinir el alcance de la protección.


El deshielo primero aumenta el caudal de los ríos, pero a largo plazo reduce las reservas de agua disponibles.

Entre los cambios más relevantes, se plantea que solo queden bajo resguardo los glaciares con un aporte hídrico comprobable, lo que podría dejar fuera amplias zonas actualmente protegidas. También se busca reducir el alcance del ambiente periglacial, clave en la regulación del agua, aunque no esté compuesto exclusivamente por hielo.

Un conflicto que se repite en todo el mundo

A medida que los glaciares retroceden, también crecen las tensiones sobre cómo gestionar los territorios donde se ubican. En América del Sur, proyectos mineros en zonas de alta montaña, especialmente en países como Chile y Perú, generan debates sobre el impacto en reservas de agua. En Asia, regiones cercanas al Himalaya enfrentan desafíos similares, donde el deshielo afecta tanto a comunidades locales como a grandes sistemas fluviales.


El futuro de los glaciares está directamente ligado a la crisis climática y al acceso al agua en las próximas décadas.

En Europa, el retroceso acelerado de glaciares en los Alpes no solo encendió alarmas ambientales, sino que también obligó a replantear el uso del territorio, desde el turismo hasta la gestión del agua. En todos los casos, aparece el mismo dilema: cómo equilibrar la explotación de recursos, el desarrollo económico y la protección de sistemas naturales clave.

En ese contexto, la discusión en Argentina se inscribe en una tendencia más amplia, donde los glaciares dejan de ser solo un tema ambiental para convertirse en un punto crítico en la agenda global.

Un problema que ya empezó

Las proyecciones científicas coinciden en un punto: si el calentamiento global continúa, una parte significativa de los glaciares podría desaparecer antes de fin de siglo. Eso implica más que pérdida de hielo. Implica redefinir cómo se gestionan recursos básicos, cómo se adaptan las ciudades y cómo se enfrenta un escenario climático cada vez más inestable.

Por eso, el Día Mundial de los Glaciares ya no funciona como una simple conmemoración. Es una señal de alerta sobre un proceso en marcha que todavía puede frenarse, pero no ignorarse.