En el corazón de El Palomar, entre el zumbido de los motores de la Base Aérea y los recuerdos de un almacén familiar, comenzó la historia de un hombre que hoy conquista la calle Corrientes. Sebastián Presta visitó El Living de NewsDigitales para recorrer un camino marcado por la timidez, el esfuerzo y una transformación personal profunda que lo llevó de ser un productor silencioso a una de las figuras más queridas de la comedia argentina.
A pesar de su éxito actual, el actor recordó una adolescencia diferente, donde se refugiaba en funciones de teatro solitarias en el Paseo La Plaza. "Nunca imaginé que 30 años después yo iba a estar protagonizando en esa misma sala", confesó sobre el giro que dio su vida. Aquel joven que trabajaba desde las cuatro hasta la medianoche y buscaba clases de actuación por la mañana hoy se reconoce, con orgullo y aprendizaje, como un "actorazo".
Su debut comercial fue de la mano de Jorge Corona en 2003. "Él me decía: ¡Qué actorazo! Me cargaba porque yo hacía un papel muy chiquitito y muy malo", relató entre risas. Esa chispa inicial, sumada a sus estudios con maestros como Juan Carlos Thorry y Martín Salazar de Los Macocos, forjó una carrera que no se detiene.
La obra Mi amiga y yo, que es protagonizada por Sebastián Presta y Florencia Torrente, regresa al Paseo de la Plaza desde el 3 de abril, con funciones los viernes y sábados a las 22.15. "Soy obsesivo, compulsivo, insoportable. A las chicas les hablo de milisegundos para los remates y para esperar el tiempo de la risa", admitió.

Bajo la dirección de Diego Reinhold, la obra incorpora elementos personales que conectan a Presta con su juventud en el oeste. En un momento del espectáculo, el actor se da el lujo de tocar su primera batería, la misma que compró en 24 cuotas a los 17 años. "La tuve que mandar a un luthier para restaurarla, cambiar parches y tornillos oxidados, pero ahí está", contó.
Esta búsqueda de perfección no impide que el artista se abra a los imprevistos que ofrece el teatro en vivo. Aunque reconoce haber pasado momentos de mucha tensión por fallas técnicas, hoy asegura ser más profesional. "Si algo sale mal, lo incluyo y la gente se ríe. Ya estoy grande para andar haciendo papelones, a veces la gente agradece cuando uno acepta el error", explicó.
El éxito masivo llegó con Préstico, un fenómeno viral que traspasó las fronteras de Argentina hacia Uruguay, Chile y España. Sin embargo, detrás de la pantalla, Presta enfrentaba desafíos emocionales que ponían a prueba su vocación de hacer reír. "Necesito ir feliz para hacer humor. Hubo una época en que mi madre estaba muy enferma y me costaba horrores", reveló.

Durante aquellas funciones, el actor sentía una lucha constante entre su personaje y su realidad personal. "Mientras hacía la función, mi cerebro me decía: 'Tu vieja está postrada en una cama ahora'", recordó. Esta vulnerabilidad es la que hoy maneja con mayor madurez.
La clave de su resiliencia fue el trabajo constante en terapia con su psicóloga de confianza, María Esther. Durante su adolescencia, fue quien lo impulsó. Ella le decía: “Vos podés trabajar de lo que te gusta, podés salir con la mujer que te gusta, podés tener tu auto”. En ese sentido, Sebastián contó: “Yo pensaba que todo eso era imposible. Ella me cambió, yo me sentía un cero a la izquierda. Qué suerte que me animé. Es parte del aprendizaje”.
A sus 50 años, el actor reflexiona sobre las decisiones que marcaron su vida privada, especialmente la de no tener hijos. "No me animé, me dio miedo. Fui entre egoísta y cagón por la responsabilidad de que no les falte comida", dijo. De todas formas, siempre estuvo presente en la crianza de los hijos de sus parejas. “Soy como un abuelo: los malcrio y las madres se ocupan de la educación”, bromeó. Y agregó: “Soy un hombre de 50 años joven, todavía puedo ser padre. Norman Brisky lo fue a los 77. Quién te dice que la próxima entrevista te diga: 'Voy a ser papá'".

Su mirada del futuro ya no está puesta únicamente en los estudios de televisión o en las marquesinas de la calle Corrientes. Presa tiene la mira en Meliquina, un pueblo de Neuquén en el que viven sus mejores amigos y donde compró un terreno hace dos décadas. "Me veo más ahí, dando clases de teatro, que corriendo en un estudio de televisión". Sobre el final, reflexionó: "Qué actorazo que soy".