El 24 de marzo de 2016 marcó un punto de inflexión en la conmemoración del Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia en la Argentina. Por primera vez en más de una década, la fecha se recordaba bajo un gobierno no kirchnerista, el de Mauricio Macri, y el clima político de la jornada estuvo atravesado por un tono fuertemente crítico hacia la nueva gestión.
A 40 años del golpe de Estado de 1976, la Plaza de Mayo volvió a ser epicentro de una masiva movilización, pero con un mensaje que combinó la reivindicación histórica de los organismos de derechos humanos con duras críticas al rumbo político, económico e institucional del gobierno iniciado en diciembre de 2015.
En ese contexto, la visita oficial del entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sumó tensión a una jornada cargada de simbolismo y posicionamientos políticos.
El documento leído en Plaza de Mayo por Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, H.I.J.O.S. y otros organismos de derechos humanos planteó desde el inicio una mirada política sobre el presente, al advertir que “en estos primeros 100 días de gobierno, nuestra democracia retrocedió demasiado”.
En esa línea, denunciaron que el nuevo gobierno había “violentado leyes e instituciones” mediante decretos y que avanzaba hacia “un país entregado a las corporaciones y con un Estado de espaldas al pueblo”.
Uno de los pasajes más duros sostuvo que el macrismo implicaba “el gobierno de la exclusión planificada, de los derechos para pocos”, y que las políticas implementadas comenzaban a revertir el ciclo previo: “Después de más de 12 años de un proyecto de inclusión, hoy las políticas de Estado empiezan a ser de exclusión social, política, económica y cultural”.
El texto también recuperó una cita de Rodolfo Walsh para reforzar la crítica: el gobierno habría “restaurado la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación”.
En contraposición al diagnóstico sobre el presente, el documento destacó explícitamente los avances en materia de derechos humanos durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Kirchner.
Se remarcó que a partir de 2003 “la Memoria, la Verdad y la Justicia” se transformaron en políticas de Estado, con cifras concretas: “más de 660 genocidas condenados, 119 identidades restituidas, más de 130 ex centros clandestinos señalizados y 35 espacios de memoria”.
Además, se denunció un “doble discurso” del nuevo gobierno, al señalar que mientras afirmaba la continuidad de los juicios, avanzaba con despidos en áreas clave que sostenían esas políticas.
El documento también reflejó un clima de alerta entre los organismos y sectores movilizados. Se denunció la existencia de “miedo nuevamente entre nosotros”, vinculado a episodios de represión, violencia institucional y persecución política.
Entre los puntos más destacados, se mencionó la situación de Milagro Sala, definida como “presa política”, y se cuestionaron medidas como el protocolo de seguridad para protestas, los despidos en el Estado y la política económica.
Asimismo, se advirtió sobre la posibilidad de un retroceso en materia de derechos: “Sin derechos no hay democracia, porque cuando todo se concentra arriba, abajo quedan la pobreza, el hambre, la desocupación y la represión”.
El texto también incluyó críticas a sectores del Poder Judicial, a los medios de comunicación y a actores económicos, en una lectura que vinculó el presente con las responsabilidades civiles durante la última dictadura.
La presencia de Barack Obama en la Argentina coincidió con la conmemoración y generó rechazo en distintos sectores.
Organismos de derechos humanos decidieron no participar del homenaje que el mandatario estadounidense realizó en el Parque de la Memoria. Estela de Carlotto explicó que “no es el momento” para compartir ese tipo de actividades en una fecha tan sensible.
Desde sectores de izquierda nucleados en Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, la consigna fue aún más explícita: “Fuera Obama de Argentina”, junto a críticas al “ajuste, el saqueo y la represión”.
El documento principal también reclamó la desclasificación de archivos vinculados a la dictadura y cuestionó el rol histórico de Estados Unidos en el marco del Plan Cóndor.
Como venía ocurriendo desde años anteriores, la conmemoración se expresó en dos movilizaciones diferenciadas. Por un lado, los organismos históricos junto a agrupaciones kirchneristas; por otro, el espacio Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, con organizaciones de izquierda.
Ambas coincidieron en las críticas al gobierno de Macri, aunque con matices. Incluso sectores que habían sido opositores al kirchnerismo durante la década previa centraron sus consignas en cuestionar las primeras medidas del nuevo gobierno, como los despidos, el tarifazo y la política salarial.
El protagonismo político estuvo claramente marcado por el peso del Frente para la Victoria, que aportó las columnas más numerosas y volvió a mostrar capacidad de movilización en las calles tras el cambio de gobierno.
Entre los dirigentes presentes se destacaron el ex candidato presidencial Daniel Scioli, el titular del Parlasur Jorge Taiana, intendentes bonaerenses, legisladores nacionales y provinciales, además de ex funcionarios del gobierno anterior. También participaron figuras como Eugenio Zaffaroni y referentes sindicales y territoriales.
En declaraciones públicas, Scioli sostuvo que “uno de los derechos humanos que más hay que defender es el derecho al trabajo”, mientras que Taiana llamó a “fortalecer la unidad del pueblo para recuperar el gobierno para las mayorías populares”. Otros tiempos.

Las organizaciones más numerosas fueron La Cámpora, el Movimiento Evita y Nuevo Encuentro, acompañadas por una amplia constelación de espacios como Kolina, Descamisados, Miles, Patria Grande y el Partido Solidario.
La jornada dejó además escenas de acercamiento entre dirigentes que hasta entonces habían mantenido diferencias, como Aníbal Fernández y Guillermo Moreno, o la confluencia de distintos referentes bajo una misma columna, en lo que fue interpretado como un gesto de unidad interna. Dirigentes como Luis D’Elía, Gabriel Mariotto y Fernando Esteche también compartieron espacios de visibilidad durante la marcha.
Referentes por entonces de La Cámpora, como Wado de Pedro y Andrés Larroque, encabezaron columnas multitudinarias. No tuvo Máximo Kirchner pero sí Axel Kicillof en esa columna. Un vaticinio del desencuentro actual.
Así, el 24 de marzo de 2016 dejó en evidencia el impacto del cambio de signo político en la Argentina. Tras 12 años de gobiernos kirchneristas, la conmemoración pasó a convertirse en un espacio de fuerte oposición política.