En la antesala de un nuevo 24 de marzo y en el marco de los 50 años del golpe de Estado de 1976, clubes, jugadores e instituciones del deporte impulsaron distintas iniciativas para recordar a las víctimas del terrorismo de Estado. La memoria se hizo presente en los estadios, en los carteles, en los homenajes y en los silencios que precedieron a varios partidos del fin de semana.
La consigna fue clara: llevar la memoria a la cancha. Antes de algunos encuentros del fútbol argentino se realizaron actos breves pero cargados de significado. En ciertos estadios se desplegaron banderas con la leyenda “Nunca Más”, mientras que en otros se mencionó a socios, deportistas e hinchas desaparecidos durante la última dictadura militar. La iniciativa contó con el acompañamiento de la Asociación del Fútbol Argentino y de diversas instituciones deportivas que decidieron sumarse a la conmemoración.
El vínculo entre el deporte y la memoria histórica no es nuevo. Durante los años de la dictadura, cientos de deportistas, socios de clubes y jóvenes vinculados a actividades deportivas fueron víctimas de persecución, secuestros y desapariciones. Muchos de ellos integraban equipos amateurs, militaban en clubes de barrio o participaban en ligas locales. En ese contexto, los clubes no sólo eran espacios deportivos sino también lugares de socialización política, cultural y comunitaria.
Se brindó un reconocimiento a los familiares de socios desaparecidos del Club Atlético Lanús durante la última dictadura cívico-militar, a 50 años de su inicio.
— Club Lanús (@clublanus) March 21, 2026
Sus nombres ya están inscriptos en las butacas de la Platea Oficial de La Fortaleza. Además, tuvo lugar un homenaje en… pic.twitter.com/4AsE5RDS30
Por eso, cada 24 de marzo el deporte argentino suele convertirse en un espacio de recordación. En esta ocasión, además, el aniversario redondo del golpe militar impulsó a varias instituciones a profundizar ese trabajo. Algunos clubes recordaron a sus desaparecidos con placas, murales o actos en las sedes sociales. Otros difundieron en sus redes sociales historias de socios o deportistas que fueron víctimas del terrorismo de Estado.
Independiente no olvida ni perdona.
— C. A. Independiente (@Independiente) March 21, 2026
Memoria. Verdad. Justicia. pic.twitter.com/gcv8EusrNI
El gesto tiene una dimensión simbólica importante: el fútbol es uno de los ámbitos más populares de la sociedad argentina y, por lo tanto, un lugar privilegiado para la construcción de la memoria colectiva. Cuando la historia se nombra en una cancha, frente a miles de personas, deja de ser sólo una cuestión académica o política para transformarse en parte de la vida cotidiana.
En ese sentido, el deporte también se vuelve un escenario donde se disputa el sentido del pasado. Recordar a los desaparecidos, reivindicar el “Nunca Más” y mantener viva la memoria sobre lo ocurrido durante la dictadura implica, para muchos clubes y organizaciones, reafirmar valores democráticos y de derechos humanos.
Hoy el fútbol rinde homenaje a los desaparecidos, pero en los años de plomo no era así. En uno de sus versos más citados, la canción "La memoria" de León Gieco menciona “cuando el fútbol se lo comió todo”, una frase que suele interpretarse como una alusión al contexto de la Copa Mundial de la FIFA 1978 organizada en Argentina durante la última dictadura militar. Nuestro país fue elegido sede del mundial en 1966, pero la dictadura sacó provecho de la pasión más popular de los argentinos.

El campeonato, ganado por la selección dirigida por César Luis Menotti, fue utilizado por la Junta Militar como una poderosa herramienta de propaganda internacional. Mientras el país celebraba el título y los estadios se llenaban de festejos, a pocas cuadras de algunos de ellos funcionaban centros clandestinos de detención donde se cometían violaciones sistemáticas a los derechos humanos. La canción del popular artista relata el contrastaste que vivió nuestro país en ese invierno de 1978: la euforia futbolera que, en medio del terror estatal.