El cultivo de papa en la Argentina comienza a transitar una etapa de reacomodamiento productivo y comercial, después de un 2025 que dejó pérdidas, sobreoferta y una fuerte caída de precios. De acuerdo a estimaciones privadas, la superficie sembrada del cultivo tendrá una caída en comparación al ciclo previo.
Cuando se repasan los números de siembra de cualquier produccion agrícola, si se genera un retroceso con respecto a la campaña previa suele primar el pesimismo. Pero en este caso, la sensación que predominó -aunque parezca increíble- fue el alivio.
Los productores vienen de un año desastroso en materia de precios y no ven con malos ojos sembrar menos, poner en cierta manera el freno de mano y repartir de nuevo sus cartas.
En el sudeste de la provincia de Buenos Aires, sector que concentra el grueso de la producción nacional, la Federación Nacional de Productores de Papa confirmó que en la actual campaña se registró una caída en la producción sembrada. Según la entidad, de las 38.177 hectáreas implantadas el año pasado se pasó a 33.722 hectáreas en la actualidad.
“El nuevo relevamiento satelital confirmó una reducción en la superficie sembrada que no solo era esperada, sino también necesaria para el propio sector.”; señalaron. Alfredo Pereyra, presidente de la Federación, admitió que si bien el sudeste de Buenos Aires perderá 5.000 hectáreas, el mal contexto del cultivo -sobre todo en precios- anticipaba esta reducción en el área sembrada.

“Hacía falta que sembráramos menos y que tengamos menos papa, porque venimos de un año realmente desastroso de precios, con un exceso de papa que no se consumió y se tuvo que tirar”, señaló. Es que lejos de ser una señal negativa, este recorte aparece como el primer paso hacia un reequilibrio del mercado.
De acuerdo a la Federación, el recorte no fue homogéneo. Balcarce redujo su superficie un 16%, General Alvarado un 17% y General Pueyrredón lideró la caída con un 19%. Tandil bajó un 14% y Benito Juárez un 13%, mientras que Lobería mostró un ajuste más leve del 5%.
La excepción fue Necochea, que creció un 32%, lo que evidencia movimientos internos dentro de la región. Azul, en tanto, prácticamente no registró cambios. Este comportamiento confirma que el sector ya venía anticipando la necesidad de sembrar menos.
“Yo creo que no sorprendió porque realmente todos estábamos medio convencidos de que se había sembrado menos. Y también porque lo que estamos cosechando da muy poco, y las otras papas que se están yendo muy pronto no van a tener cosecha. Era una noticia que esperábamos”, sostuvo Pereira.
La menor superficie se combina con una campaña atravesada por condiciones climáticas adversas, que impactaron directamente en los rindes.
“Las papas tempranas han tenido muy poca producción por las grandes lluvias, por los excesos de agua. Las papas intermedias no se pudieron sembrar, las de época tampoco por el agua. Después no llovió más, las tardías se sembraron tarde y se han ido muy pronto, con muy pocos días de ciclo. También van a tener un rendimiento menor”, describió.
Más allá de estas variables, el dirigente puso el foco en lo que considera el verdadero cambio que necesita el sector: producir con mayor racionalidad.
“Tenemos que ser conscientes de que debemos sembrar menos cantidad de papa. Si sembramos menos, vamos a gastar menos y vamos a recibir más de lo que vamos a vender. Eso es lo que tendríamos que hacer”, concluyó.