Juan Pablo Güerri construyó su vínculo con el tango a partir de un recorrido que combina herencia cultural, descubrimiento personal y formación académica. En diálogo con El Living de News Digitales, el docente y bailarín trazó una mirada profunda sobre el género, al que entiende no solo como una expresión artística, sino como un elemento central de la identidad porteña.

Si bien el tango no ocupaba un lugar protagónico en su vida cotidiana durante la infancia, reconoce que siempre estuvo presente de manera indirecta. “Había una cercanía desde la música, desde esos discos que aparecían en las casas, en la familia, en la casa de mis abuelos”, recordó. Aquellas primeras aproximaciones, aunque difusas, fueron sembrando un interés que con el tiempo se volvería decisivo.
El punto de quiebre llegó con la figura de Rubén Juárez. Para Güerri, ese encuentro marcó un antes y un después en su relación con el género. “Cuando se me cruzó Juárez entendí que había un tango del presente, un tango cercano, que no era solo el de las grandes figuras históricas”, explicó. Esa revelación le permitió conectar con una versión más actual del tango, en diálogo con su propia generación.

En esa línea, definió al músico como una referencia central en su vida artística. “Yo termino de entrar al tango gracias a la mirada de Rubén. Para mí es mi Gardel”, afirmó, dejando en claro el peso simbólico que tiene en su trayectoria. Y si bien remarcó la figura indiscutible de Carlos Gardel en la historia de la música popular, insistió en que Juárez representa para él la encarnación del tango vivo.
“Siempre buscó la manera de acercarse a la gente, de renovar repertorios y hacer que el tango vuelva a ser cantado y sentido”, sostuvo. En ese sentido, destacó cómo el artista logró reinstalar obras en el imaginario colectivo y generar una conexión emocional con nuevas audiencias. “Era un tango que pasaba en ese momento, que sucedía en vivo”, agregó.

Güerri también subrayó que esa experiencia le permitió entender al tango como una construcción dinámica. “No me quedé solo con esa mirada contemporánea, sino que a partir de ahí volví a los orígenes, a Gardel, a las orquestas, a los poetas”, explicó. Ese recorrido lo llevó a profundizar en una mirada más académica y reflexiva sobre el género.
Para el docente, esa doble dimensión -tradición y actualidad- es clave para comprender el valor del tango. “Hay que recuperar la tradición, pero en un tango vivo. Saber de dónde venimos, qué somos, porque eso es lo que nos define”, sostuvo. En esa línea, planteó que el tango constituye una marca identitaria tanto para Buenos Aires como para la Argentina.

“Es lo que nos hace distintos. El mundo viene a buscar eso, viene a vivir el tango”, afirmó. Y ejemplificó esa idea con el fenómeno turístico y cultural que rodea al género, donde visitantes de todo el mundo llegan a la ciudad atraídos por su música y su danza.
Su formación con maestros como Rodolfo y Gloria Dinzel también resultó determinante en ese proceso. Según explicó, ellos aportaron una visión que combina lo técnico con lo conceptual. “No es solo bailar, es entender el tango como lenguaje, como cultura, como una forma de comunicación”, señaló.
Desde ese lugar, Güerri desarrolló su rol como docente y formador, con una fuerte impronta en la enseñanza del tango no solo como práctica artística, sino como herramienta cultural. En ese sentido, remarcó la necesidad de generar políticas que acompañen esa construcción identitaria. “El tango debería estar en las escuelas. Si no lo acercamos, es difícil que las nuevas generaciones lo conozcan”, advirtió.

Al mismo tiempo, destacó la importancia de los espacios donde el tango sigue vivo, como las milongas y los festivales. Allí, según explicó, se produce una renovación constante que permite que el género se adapte a los cambios sociales y culturales. “Es un espacio que se transforma, que está en transición, pero que sigue siendo fundamental”, analizó.
A lo largo de la charla, Güerri dejó en claro que su vínculo con el tango trasciende lo profesional. Se trata de una relación profundamente emocional, atravesada por figuras clave como la de Rubén Juárez. “Ese encuentro fue lo que me hizo entender que el tango no era solo historia, sino presente”, sintetizó.
Y en esa síntesis aparece una definición que resume su mirada: el tango como identidad viva, en permanente construcción, donde tradición y actualidad conviven en un mismo abrazo.