Ejercer el fotoperiodismo durante la última dictadura cívico-militar implicaba mucho más que registrar imágenes: era trabajar bajo censura, persecución y riesgo permanente. Así lo reconstruyó Alejandro Amdan en El Living de NewsDigitales, al repasar una etapa donde la información estaba condicionada tanto por el poder militar como por las propias redacciones.
“Nosotros sufríamos la censura, pero además había mucha autocensura en los medios”, recordó. En ese contexto, publicar una imagen podía significar la clausura de un diario o consecuencias directas para quienes trabajaban en él.
El oficio, además, exigía una precisión extrema. “Salíamos con rollos de 15 fotos. No podías disparar por las dudas. Tenías que esperar, mirar, entender la escena”, explicó. Esa lógica, marcada por la escasez y el riesgo, moldeó una generación que aprendió a sintetizar la realidad en una sola imagen.
Pero ese aprendizaje se dio en un escenario atravesado por la violencia sistemática. “Tenemos 30.000 desaparecidos, 233 periodistas desaparecidos o asesinados y unos 80 reporteros gráficos y camarógrafos secuestrados o desaparecidos”, precisó, al dimensionar el impacto directo de la dictadura sobre el oficio.
En 1981, durante una manifestación estudiantil, Amdan captó una escena que marcaría su carrera: el secuestro en plena vía pública del dirigente de la Federación Juvenil Comunista, Alejandro Mosquera.
“Había dos tipos de civil, una patota. Lo agarran de los pelos y se lo llevan”, relató.
En medio de la represión, la orden fue directa: avanzar sobre los fotógrafos y quitarles el material. “El jefe dijo que nos agarren a todos y nos saquen los rollos”. Pero los reporteros ya tenían sus propios mecanismos para sobrevivir: entregar un rollo vacío y resguardar el verdadero.
La imagen logró publicarse en Diario Popular y generó un escándalo. No solo por lo que mostraba —un secuestro en plena calle— sino porque dejaba en evidencia un mecanismo que el régimen negaba.
Esa misma noche, el impacto tuvo una consecuencia directa. Primero recibió el llamado de su jefe en la redacción. Y al día siguiente, ya en el diario, el director, Raúl Kraiselburd, lo felicitó por el trabajo pero enseguida le dio una advertencia que cambiaría el tono de la situación: “Me dijo: ‘No vengas por una semana y no duermas donde dormís habitualmente’”.
Amdan dudó. “Le pregunté si no era mucho”, recordó. La respuesta fue inmediata: “No, ya vinieron a averiguar por ustedes”.
Durante esos días no volvió a su casa. La amenaza no era abstracta: la foto había incomodado al poder.
Con el tiempo, el propio Mosquera le diría que esa imagen le salvó la vida. “Debe ser la primera foto de un secuestro de una patota en la calle”, reflexionó.

Lejos de quedar en el pasado, ese recorrido encuentra un eco inquietante en el presente. El caso del fotógrafo Pablo Grillo aparece como un punto de quiebre. “Jamás pasó lo que está pasando ahora con este gobierno supuestamente democrático”, sostuvo Amdan.
Y marcó una diferencia central entre épocas: “Antes, si te pegaban, era porque le iban a pegar a otro. Ahora les pegan específicamente a las cámaras”.
Sobre el episodio fue categórico: “Es una locura. Esa granada, si te pega, te mata. No entiendo cómo Pablo está vivo”.
Incluso aportó un dato que expone el cambio de escenario: “Nosotros no usábamos casco ni máscara. Ahora es todos los días que les pegan”, al recordar la cobertura que hacen los medios y periodistas de la marcha de los jubilados de los miércoles.
Para Amdan, el periodista dejó de ser un testigo incómodo para convertirse en un blanco.

En ese cruce entre pasado y presente, la figura de Nora Cortiñas ocupa un lugar central. Madre de Gustavo Cortiñas, desaparecido en 1977, fue una de las referentes históricas de la lucha por los derechos humanos. Pero para Amdan, su figura también tiene una dimensión íntima.
“Nos veían como los hijos que no estaban”, recordó sobre el vínculo entre los reporteros y las Madres.
Además, destacó su presencia permanente: “Vos ibas a cualquier conflicto y ella estaba ahí. No sé cómo se enteraba, pero estaba en todos lados”.
Ese vínculo dio origen a la muestra “Nora siempre nos cuidó”, curada por Amdan, que reúne imágenes históricas y reconstruye la relación entre las Madres y los reporteros gráficos.
El nombre sintetiza una experiencia concreta: “Ellas se preocupaban por nosotros. Miraban dónde estábamos y después iban a las redacciones a ver si habíamos vuelto”.
La muestra tuvo una de sus primeras presentaciones en el Centro Cultural de la Cooperación, sobre la avenida Corrientes 1543, y continúa su recorrido itinerante por distintas provincias. Actualmente, se presenta en el espacio cultural Abra, en la Ciudad de Buenos Aires, tras haber pasado por Mendoza, San Juan y Córdoba.

A lo largo de la entrevista, Amdan insistió en que la discusión no es solo histórica, sino profundamente actual. “No importa la cifra: hubo desaparecidos y eso es lo grave”, afirmó.
Y dejó una definición que atraviesa toda su mirada: “La dictadura fue un plan sistemático. No fue una guerra”.
En ese marco, la memoria deja de ser un ejercicio del pasado para convertirse en una herramienta del presente. Una forma de interpretar lo que ocurre hoy y de advertir sobre los riesgos de naturalizar la violencia, incluso en democracia.