El ministro del Interior, Diego Santilli, volvió a activar la ingeniería política que sostiene a la Casa Rosada en el Congreso. En una semana atravesada por el desgaste del oficialismo, retomó las reuniones con gobernadores aliados y prepara un viaje clave a Mendoza, donde será recibido por Alfredo Cornejo. El objetivo es claro: sostener la red de acuerdos que le permitió a Javier Milei avanzar con leyes sensibles pese a su debilidad parlamentaria.
La semana pasada, Santilli mantuvo encuentros reservados con Ignacio Torres (Chubut) y Marcelo Orrego (San Juan), dos mandatarios que funcionan como engranajes centrales del esquema libertario. No se trató de reuniones protocolares, sino de conversaciones enfocadas en garantizar gobernabilidad en un contexto donde el oficialismo necesita cada voto para sostener su hoja de ruta.

Ese entramado de apoyos provinciales fue determinante en los últimos meses. Con esa base, La Libertad Avanza logró aprobar reformas clave como la laboral y la baja de la edad de imputabilidad, además de avanzar con iniciativas estratégicas como el acuerdo Mercosur–Unión Europea y la media sanción de la Ley de Glaciares en el Senado. Sin estructura territorial propia, el Gobierno depende más que nunca de esa “liga de gobernadores”.
Pero el escenario cambió. Las provincias atraviesan una asfixia financiera creciente, producto de la caída de la recaudación y el freno de la actividad. En ese marco, los $47 mil millones girados en concepto de ATN aparecen como un paliativo menor frente a pérdidas que, en el primer bimestre, rozan el billón de pesos. La tensión es evidente: los gobernadores sostienen al Gobierno, pero reclaman recursos que no llegan.
Ese equilibrio inestable es el que Santilli intenta administrar. No solo negocia fondos y obras, sino también la letra fina de la reforma electoral que impulsa la Casa Rosada, con la eliminación de las PASO y el intento de unificar calendarios. Una agenda que genera resistencias incluso entre aliados, que no están dispuestos a ceder autonomía política en un año preelectoral.
El viaje a Mendoza se inscribe en esa lógica. Cornejo es uno de los socios más firmes del oficialismo y, al mismo tiempo, uno de los que más presiona por obras de infraestructura, especialmente rutas clave para la producción. La promesa de avanzar con la Ruta 7 y tramos de la Ruta 40 aparece como moneda de negociación en un contexto donde los gobernadores necesitan mostrar gestión.
Detrás de las reuniones, el dato estructural es la fragilidad del esquema: las provincias pierden recursos mientras el Gobierno necesita sus votos. Esa ecuación condiciona cada negociación y expone los límites del modelo libertario. Sin fondos, el respaldo político empieza a crujir.
En ese marco, la ofensiva legislativa del oficialismo —con la sesión prevista para el 8 de abril y proyectos sensibles en carpeta— dependerá menos del discurso y más de la capacidad de sostener acuerdos. Santilli juega ahí una parada central: mantener viva una alianza que hoy es, más que una estrategia, una necesidad.