El 25 de marzo de 1977, en plena dictadura cívico-militar, fue secuestrado y desaparecido el periodista y escritor Rodolfo Walsh, una de las voces más lúcidas y valientes de la Argentina. Su desaparición se produjo apenas un día después de haber difundido su histórica “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”, donde denunció con precisión tanto el terrorismo de Estado como el modelo económico del régimen.
Walsh fue emboscado en el barrio porteño de San Cristóbal por un grupo de tareas vinculado a la ESMA, uno de los principales centros clandestinos de detención. Según distintos testimonios, el operativo estuvo ligado a sectores de inteligencia donde actuaba Alfredo Astiz. El escritor intentó resistir el secuestro, fue herido de bala y trasladado por la fuerza. Desde ese momento, permanece desaparecido.
Antes de ese 25 de marzo, Walsh ya se había ganado un lugar central en el periodismo argentino. Con obras como “Operación Masacre”, reconstruyó fusilamientos clandestinos durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, marcando un antes y un después en la forma de contar la realidad. Su estilo combinaba investigación rigurosa con una mirada profundamente comprometida.
No es tan conocido que Walsh también fue traductor y trabajó como criptógrafo en Cuba, en la agencia Prensa Latina. Allí logró descifrar mensajes que anticipaban la invasión de Bahía de Cochinos, un dato que muestra su capacidad analítica y su manejo de la información mucho antes de convertirse en un referente de la denuncia política.
El 24 de marzo de 1977, al cumplirse un año del golpe encabezado por Jorge Rafael Videla, Walsh difundió su carta abierta. En ese texto, que circuló de manera clandestina, expuso las desapariciones, la represión ilegal y el impacto social del plan económico.
Un dato poco difundido es que el propio Walsh se encargó de hacer llegar copias a redacciones, embajadas y corresponsales extranjeros. Sabía perfectamente lo que implicaba, pero aun así decidió avanzar. Utilizó nombres falsos y una red de contactos para garantizar que el documento pudiera circular.
Distintos testimonios indican que Walsh habría sido llevado a la ESMA, aunque su cuerpo nunca fue recuperado. Años más tarde, se supo que sus escritos y documentos personales fueron secuestrados por los grupos de inteligencia, lo que evidencia el interés del régimen en su capacidad informativa.

También se conoció que al momento del operativo llevaba un arma, no como herramienta ofensiva sino como último recurso ante una posible captura. Era plenamente consciente del riesgo que corría.
Tras su desaparición, su casa fue saqueada y gran parte de sus manuscritos fueron robados. Muchos de esos materiales nunca aparecieron, lo que representa una pérdida cultural enorme.
A casi cincuenta años, la figura de Walsh sigue siendo un símbolo de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Su legado permanece vigente no sólo por lo que escribió, sino por lo que representó: el compromiso con la verdad, incluso en los contextos más adversos.
Recordarlo hoy es también sostener, en el presente, el valor de la palabra frente al silencio.