El caso de la abogada argentina Agostina Páez sumó un nuevo capítulo de tensión política luego de que Patricia Bullrich acusara al expresidente Alberto Fernández y a la diputada Marcela Pagano de entorpecer su regreso al país.
Según denunció la senadora, ambos dirigentes habrían intentado capitalizar políticamente las gestiones para la repatriación, lo que habría generado interferencias en el proceso judicial que se lleva adelante en Brasil.
CASO AGOSTINA PÁEZ
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) March 26, 2026
Acabo de hablar con la madrastra de Agostina. Están desesperados. La angustia es total. Lo que ayer parecía encaminarse, hoy se aleja.
Su prioridad es una sola: su hija. Volver a tenerla en casa. No están para especulaciones ni para juegos políticos.
¿Y qué…
“Lo que ayer parecía encaminarse, hoy se aleja”, expresó Bullrich tras hablar con la familia de la joven, que atraviesa momentos de fuerte angustia.
La controversia se da luego de que la Justicia brasileña resolviera que Páez no podrá regresar de inmediato a la Argentina y deberá permanecer entre 10 y 15 días más en ese país.
El fallo del juez Guilherme Schilling Pollo Duarte mantuvo las medidas cautelares, incluyendo el monitoreo electrónico, y pospuso un desenlace que se esperaba inminente.

La joven está acusada de injuria racial por un episodio ocurrido en Río de Janeiro, un delito que en Brasil tiene un fuerte peso legal y social.
Bullrich apuntó directamente contra Fernández y Pagano por, según sostuvo, haber condicionado su intervención a un reconocimiento público por parte de la familia.
“La familia no aceptó”, afirmó, al tiempo que cuestionó lo que definió como una utilización del caso con fines de protagonismo.
En contraposición, destacó el trabajo del Gobierno nacional y del canciller Pablo Quirno, a quien atribuyó una labor “responsable” y alejada de la exposición mediática.
La diputada Marcela Pagano no tardó en responder y rechazó las acusaciones. A través de redes sociales, aseguró que fue el propio canciller quien habló públicamente del caso, lo que —según su versión— habría afectado los tiempos judiciales.
Además, defendió su rol en las gestiones y contraatacó a Bullrich, acusándola de “hacer show” con situaciones sensibles y de utilizar el dolor de las familias con fines políticos. El cruce dejó al descubierto una interna cada vez más visible, con acusaciones que escalan en tono y profundidad.
Lo que comenzó como un episodio judicial en el exterior terminó convirtiéndose en un conflicto político de alto voltaje en la Argentina.
La situación de Páez no solo expone las diferencias entre dirigentes, sino también la sensibilidad de temas como el racismo en contextos internacionales y la responsabilidad de los actores públicos.
Mientras tanto, la prioridad para la familia sigue siendo el regreso de la joven. Sin embargo, el escenario se complejiza con cada declaración cruzada.
A medida que pasan los días, el caso se transforma en un símbolo de cómo la política puede irrumpir en situaciones personales críticas, amplificando tensiones y alejando soluciones rápidas.
Con una resolución aún pendiente y un clima cada vez más enrarecido, el desenlace dependerá tanto de la Justicia brasileña como de la capacidad de los actores políticos de bajar el nivel de confrontación en un tema que, para muchos, debería estar por fuera de la disputa partidaria.
ND