31/03/2026 - Edición Nº1148

Internacionales

Tensión hemisférica

Trump reaviva la Doctrina Monroe y pone a Brasil y México en la mira

27/03/2026 | La presión de EE.UU. sobre Brasil y México revela una estrategia para reordenar América Latina en la disputa global



El regreso de Donald Trump al centro de la escena política estadounidense reabre un debate histórico: el rol de América Latina dentro de la estrategia global de Washington. En este contexto, la reactivación implícita de la Doctrina Monroe deja de ser una referencia retórica para convertirse en un eje operativo. La región vuelve a ser concebida como un espacio de influencia directa, en un escenario marcado por la competencia con China.

Dentro de este esquema, Brasil emerge como un actor incómodo. Su proyección internacional, su participación en BRICS y su vínculo creciente con potencias extrahemisféricas lo posicionan como un punto de fricción. Al mismo tiempo, México representa el otro extremo: una economía profundamente integrada a Estados Unidos, pero cada vez más condicionada por esa misma dependencia.

Estados Unidos 


Estados Unidos es un país de 50 estados que ocupa una extensa franja de América del Norte, con Alaska en el noroeste y Hawái que extiende la presencia del país en el océano Pacífico.

Reconfiguración económica regional

En el caso brasileño, la preocupación de Washington no es ideológica sino estructural. Brasil tiene la escala suficiente para convertirse en un polo alternativo dentro del sistema internacional. Su capacidad industrial, sus recursos naturales y su inserción en mercados emergentes lo convierten en un actor con margen de maniobra propio. Precisamente por eso, la presión externa tiende a aumentar cuando ese margen se amplía.

México, en cambio, enfrenta una dinámica distinta pero complementaria. El auge del nearshoring lo transformó en pieza clave de las cadenas de suministro estadounidenses, desplazando parcialmente a Asia. Sin embargo, este proceso no implica autonomía, sino lo contrario: una integración productiva que reduce la capacidad de decisión interna, especialmente en sectores estratégicos como energía e industria.


Trump reimpulsa la Doctrina Monroe y redefine el rol de Brasil y México.

Impacto económico y disputa global

Ambos casos reflejan cómo la competencia entre Estados Unidos y China se traslada al plano regional. En Brasil, el desafío pasa por sostener vínculos diversificados sin enfrentar sanciones o restricciones. En México, el dilema es cómo aprovechar el flujo de inversiones sin quedar atrapado en una lógica de dependencia estructural. En ambos escenarios, las decisiones económicas nacionales quedan subordinadas a tensiones geopolíticas mayores.

Este reordenamiento también tiene efectos sobre terceros países. Economías como Argentina dependen en gran medida de la estabilidad brasileña, mientras que Centroamérica se ve arrastrada por la dinámica industrial mexicana. La consecuencia es clara: la región deja de moverse por dinámicas internas y pasa a responder a un tablero global, donde las reglas se definen fuera de sus fronteras.


Brasil y México enfrentan presión de EE.UU. en disputa global con China.

Consecuencias estratégicas

La reactivación de una lógica similar a la Doctrina Monroe no implica necesariamente intervención directa, pero sí un cambio en los instrumentos de poder. La presión económica, los acuerdos comerciales y las cadenas de valor se convierten en herramientas centrales para ordenar el sistema regional. En este marco, la autonomía ya no se pierde solo por imposición, sino también por integración asimétrica.

El resultado es una América Latina más condicionada, donde las principales economías enfrentan dilemas estratégicos complejos. Brasil debe decidir hasta dónde puede avanzar sin provocar fricciones mayores, mientras que México debe evaluar cuánto crecimiento está dispuesto a sacrificar en términos de soberanía económica. En ambos casos, la región se consolida como un espacio de disputa y no como un actor autónomo en el sistema internacional.