27/03/2026 - Edición Nº1144

Política

Casi un siglo de historia

Villa 31: la pelea de un barrio porteño contra desalojos y dictaduras

27/03/2026 | Un territorio que a fuerza de organización y resistencia, se ganó un lugar en el mapa



A pocos metros de los altivos y orgullosos edificios vidriados del centro porteño, detrás de la Terminal de Ómnibus de Retiro, cercana las cabeceras de las líneas San Martín, Belgrano Norte y Mitre, a metros del subte y a pasos de las autopistas que conectan la ciudad con la zona norte, existe un barrio que durante décadas fue considerado un problema urbano, un territorio invisible o directamente un lugar que debía desaparecer.

Ese barrio es la Villa 31 —hoy llamado Barrio Padre Carlos Mugica— y su historia, según reconstruye el arquitecto y vecino César Sanabria en el libro “La 31, una historia de resistencia”, es también la historia de una larga pelea por permanecer en la ciudad. La 31 es un paisaje imperfecto, pero es mucho más que eso. Es la lucha de una comunidad por subsistir.

Portada del libro de César Sanabria.

Villa Desocupación

El origen del barrio se remonta a la década de 1930, cuando la crisis económica mundial golpeó con fuerza a la Argentina. En los terrenos cercanos al puerto de Buenos Aires comenzaron a instalarse trabajadores desocupados, inmigrantes europeos y migrantes del interior que buscaban trabajo en la capital.

Las primeras viviendas eran extremadamente precarias: chapas, maderas, cartones y materiales descartados de los galpones ferroviarios o portuarios. El asentamiento fue bautizado por la prensa de la época como “Villa Desocupación”, un nombre que reflejaba tanto el contexto económico como la mirada social con la que se observaba a quienes vivían allí.

Villa Desocupación

La ubicación del asentamiento no era casual. Estar cerca del puerto y de las estaciones ferroviarias significaba estar cerca del trabajo. Muchos de los primeros habitantes eran estibadores, changarines o trabajadores informales vinculados al movimiento de mercaderías. Con el paso de los años, ese pequeño núcleo fue creciendo y consolidándose hasta convertirse en uno de los asentamientos más grandes de la ciudad.

Un barrio que se organiza

Durante las décadas de 1950 y 1960 la Villa 31 se expandió con rapidez. La industrialización, la migración interna y el crecimiento urbano multiplicaron la población del barrio. También comenzaron a llegar migrantes de países limítrofes que encontraban allí una puerta de entrada a la ciudad. Ese crecimiento vino acompañado de la organización comunitaria.

En los años 70 surgieron comisiones vecinales, cooperativas y grupos que reclamaban agua, electricidad, escuelas y reconocimiento estatal. En ese proceso tuvo un rol clave la presencia del sacerdote Carlos Mugica, quien desarrolló su trabajo pastoral en la villa y se convirtió en una figura central del movimiento villero.

La posición de Mugica acompañando los reclamos de los vecinos por una vida mejor no fue casual. Fue uno de los fundadores el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo -junto al teólogo Lucio Gera y el exseminarista Gerardo Ferrari- y desde ese lugar fue un pionero en defender la idea de que las villas no debían ser erradicadas sino urbanizadas.

Para dedicarse a su misión, el religioso dejó atrás sus orígenes en el coqueto barrio porteño de Recoleta. La gesta del cura no fue bien vista por la Triple A, que el 11 de mayo de 1974 lo esperó a la salida de la parroquia de San Francisco Solano, en el barrio porteño de Villa Luro, para ultimarlo a balazos. El padre no estaba solo, estaba con su amigo Ricardo Capelli, que también fue alcanzado por las balas de un grupo de hombres que respondía ordenes del comisario Rodolfo Almirón.

El plan de borrar la villa

Si los años sesenta fueron de organización y crecimiento, la década siguiente trajo uno de los momentos más oscuros de la historia del barrio. Tras el golpe militar de 1976, la dictadura impulsó una política sistemática de erradicación de villas en la ciudad de Buenos Aires. La idea era eliminar esos asentamientos y trasladar a sus habitantes a zonas periféricas.

El apuro de los uniformados tenía una razón: el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978. El evento deportivo más importante del mundo puso a los militares a trabajar en un operativo cuya finalidad era ocultar la pobreza, algo necesario para lavar la cara del país ante la opinión pública internacional, en un momento en el que se empezaba a comentar que en la Argentina se cometían múltiples violaciones a los derechos humanos.

Fuerte Apache surgió a consecuencia de un plan de la dictadura para erradicar la Villa 31.

Bajo la atenta mirada del brigadier Osvaldo Cacciatore -intendente de la Capital Federal- las topadoras comenzaron a avanzar sobre las casas. Miles de familias fueron desalojadas y trasladadas al conurbano bonaerense, muchas veces sin alternativas reales de vivienda. Así nació el Barrio Ejército de los Andes, más conocido como Fuerte Apache, en Ciudadela.

Ese período es recordado como una etapa de violencia urbana y desarraigo. Sin embargo,no todos se fueron. Algunos vecinos resistieron -como pudieron- pero lograron permanecer en el barrio. Esa resistencia fue clave para que la villa no desaparezca por completo.

El regreso en democracia

Desde 1983, muchas familias que habían sido expulsadas volvieron a instalarse en Retiro. La villa volvió a crecer, alimentada también por nuevas corrientes migratorias provenientes de Paraguay, Bolivia y Perú. Lejos de ser marginados, los extranjeros se integraron a la vida barrial y realizaron un gran aporte cultural -con su música, sus costumbres y su gastronomía- para la construcción de la identidad de la 31.

El contraste entre los edificios de Retiro y las casas del Barrio 31 es notorio.

El barrio creció para arriba, pero con algunos problema: casas de varios pisos levantadas sin planificación urbana, en calles angostas, con conexiones eléctricas informales y una infraestructura que no acompañaba el crecimiento de la población. Eran tiempos de pasillos por los que una ambulancia no podía pasar.

Aun así, la 31 consolidó una vida social intensa: clubes, comedores, organizaciones barriales, escuelas y parroquias sostuvieron el entramado comunitario. También hubo una radio que funcionó como lugar de reunión para los jóvenes. La idea era darles una herramienta útil para que puedan pasar sus horas lejos de la droga y de la mala junta. No pocos de los adolescentes que pasaron por ahí, en la actualidad son profesionales.

De villa a barrio

En el siglo XXI, la discusión ya no era sobre cómo erradicar el asentamiento. El futuro de la Villa 31 giró en torno a como debía llevarse adelante el proceso de integrarla a la ciudad. Así fue como comenzó a consolidarse una tercera etapa: la urbanización. El proceso incluyó obras de infraestructura, apertura de calles, redes de agua y electricidad, construcción de viviendas nuevas y regularización dominial para muchas familias. También se creó un nuevo nombre oficial: Barrio Padre Carlos Mugica, en homenaje al sacerdote que acompañó las luchas del barrio y que desde 1999 sus restos descansan en la parroquia Cristo Obrero.

La batalla por el derecho a la ciudad

Con el proceso de urbanización avanzado, quizá ya no sea correcto hablar de villa, porque la 31 cumple con los requisitos para ser considerado un barrio, uno más de los que forman parte del mapa de la Ciudad de Buenos Aires, sin perder su esencia de barrio popular. Por su historia, es uno de más conocidos de la Argentina. En la actualidad conviven allí miles de familias, comercios, escuelas, centros culturales y organizaciones sociales -como en todo barrio- pero no es una población exenta de problemas, como tampoco otros barrios lo son.

Postal de la tranformación que modificó el paisaje del Barrio 31.

Las obras de urbanización transformaron parte del paisaje urbano. En los últimos años se instalaron locales de comidas rápidas, una sucursal bancaria y hasta el Ministerio de Educación porteño, pero todavía persisten desafíos: acceso pleno a servicios, empleo formal, infraestructura y sobre todo, que los habitantes no tengan que mencionar en su DNI que viven en otro domicilio.