28/03/2026 - Edición Nº1145

Cultura


Entre ensayo y ruta

Tete de La Renga: “La banda casi no se desactiva nunca”

27/03/2026 | Gabriel “Tete” Iglesias repasó la dinámica interna de La Renga, el vínculo con el público y una vida atravesada por la música.



En una charla con el periodista Juan Ignacio Provéndola en el Living de News Digitales, Gabriel “Tete” Iglesias no se sienta a contar una historia cerrada, sino a desarmar una que todavía sigue en movimiento.

La Renga aparece en su voz como algo que no se detuvo nunca del todo: una banda que ensaya como respira, que viaja como escribe sus canciones y que hace del presente su única forma posible de permanencia.

“Nos juntamos mucho, casi tres veces por semana en la sala. No necesariamente a tocar los temas, a veces hacemos covers o probamos cosas nuevas”, contó el bajista, como quien describe una rutina que es, en realidad, una manera de sostener el fuego creativo.

En esa dinámica cotidiana se juega buena parte del secreto del grupo: la negativa a congelarse en la repetición. Ensayar, en su caso, no es preparar un pasado, sino ensanchar un presente que se rehace cada vez que la banda vuelve a sonar.

Canciones que nacen del mapa

El repertorio de La Renga, explicó Tete, no es un listado fijo sino un territorio en movimiento. Cada show arrastra sus propias decisiones, muchas veces atravesadas por la geografía y la memoria afectiva.

“Cuando vamos al norte hacemos Lo Frágil seguro, o en Neuquén tocamos Montaña Roja, que nació ahí”, detalló, dejando entrever una lógica donde las canciones también pertenecen a los lugares que las vieron crecer.

En esa elección hay algo más que estrategia: hay reconocimiento. El escenario se convierte así en una extensión del camino, y cada ciudad en una excusa para reescribir el repertorio con otra temperatura emocional.

El ritual invisible con el público

Entre prueba de sonido y escenario, Tete describe un momento que ya es casi un rito. Un espacio intermedio donde la distancia entre banda y público se disuelve antes del show.

“Cuando termina la prueba de sonido estoy tomando cerveza y entran los pibes. Se dio una vez y quedó. Ahora es un encuentro muy físico, muy lindo”, recordó, como quien narra una escena que se repite sin perder intensidad.

Ese contacto no es accesorio: forma parte de la arquitectura emocional de La Renga. Una cercanía que no se planifica del todo, pero que la banda parece haber convertido en parte de su lenguaje.

La vida fuera del ruido

Fuera del escenario, Tete se define sin estridencias. La vida personal aparece como un contrapeso silencioso frente a la intensidad del proyecto musical que lo acompaña hace décadas.

“Estoy casado hace 30 años, tengo tres hijos. La Renga ocupa casi todo el tiempo de mi vida”, dijo, antes de mencionar su costumbre de ir a ver bandas en vivo, un hábito que mantiene encendida su curiosidad musical.

En ese cruce entre lo doméstico y lo artístico se sostiene también una parte de su identidad: la de alguien que sigue siendo espectador incluso dentro de su propia historia.

Los orígenes de una forma de estar en el mundo

El recuerdo lo lleva a los primeros pasos, a las salas improvisadas, a los barrios donde la banda empezó a tomar forma sin imaginar del todo su dimensión futura.

Parque Patricios y Mataderos aparecen como coordenadas fundacionales de un sonido que todavía hoy conserva algo de esa crudeza inicial, potenciada luego por el trabajo en estudio y la búsqueda constante de evolución.

En ese recorrido también menciona a Ricardo Mollo como una figura clave en el desarrollo sonoro del grupo, una referencia que ayudó a traducir la energía en una identidad más definida.

“La Renga está siempre”

El cierre no busca conclusión sino permanencia. “La Renga está siempre, casi no se desactiva nunca. Es mucho amor lo que le dedicamos”, resumió Tete, como si la frase no cerrara una entrevista, sino que dejara abierta una continuidad.