El Gobierno volverá a exhibir señales de distancia interna en una fecha sensible. Javier Milei y Victoria Villarruel encabezarán actos separados por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, repitiendo un esquema que ya se había visto el año pasado. La división no es solo protocolar: también refleja diferencias políticas que siguen latentes en la cúpula del poder.
El Presidente participará de la ceremonia central en el cenotafio de Plaza San Martín, en el barrio porteño de Retiro, mientras que la vicepresidenta viajará a Ushuaia para la vigilia y el acto principal en Tierra del Fuego. La elección de agendas separadas vuelve a mostrar dos estilos y dos estrategias dentro del oficialismo.
En el sur, Victoria Villarruel compartirá actividad con el gobernador fueguino Gustavo Melella, uno de los mandatarios más críticos de la Casa Rosada. La vice mantiene una agenda propia con provincias y sectores que no siempre coinciden con la línea del Ejecutivo nacional, lo que refuerza su perfil diferenciado dentro del Gobierno.

El dato político más sensible es otro: crece la posibilidad de que el gobernador bonaerense Axel Kicillof también participe del acto en Ushuaia. De concretarse, la imagen junto a Victoria Villarruel sumaría una postal inesperada en medio de la fuerte confrontación entre Javier Milei y el mandatario provincial, especialmente tras el fallo por YPF.
La tensión viene en escalada. En los últimos días, el Presidente lanzó duras críticas contra Axel Kicillof, mientras que desde la Provincia respondieron en el mismo tono. En ese contexto, una eventual coincidencia en el acto de Malvinas podría leerse como un gesto político ambiguo, o incluso como una señal de autonomía de la vicepresidenta.
La conmemoración de la Guerra de Malvinas suele funcionar como un punto de unidad nacional, pero en la práctica también expone tensiones políticas. Este año, la división de actos vuelve a poner en evidencia las diferencias dentro del oficialismo.
Más allá del homenaje a los caídos, la fecha se cruza con la coyuntura: internas en el Gobierno, disputa con la oposición y reposicionamientos de cara al futuro. En ese escenario, cada gesto -desde la elección del acto hasta las presencias- adquiere un peso político que trasciende lo simbólico.