Los drones o vehículos aéreos no tripulados (UAV por sus siglas en inglés Unmanned Aerial Vehicle) se consolidaron como parte esencial de la guerra del presente y cada vez más ejércitos los incorporan como parte de su inventario, luego de que guerras como la del Nagorno Karabaj o la de Ucrania, sean utilizados de forma más masiva y principalmente, de forma económica.
A comienzos de este siglo, Estados Unidos dominó el desarrollo de vehículos no tripulados como forma de proyectar poder en el aire sin descanso y de forma segura para sus pilotos, es decir una proyección de fuerza sin arriesgar el activo más valioso, en un país enmarcado en un conflicto bélico, sus soldados. Desarrollando una doctrina enfocada en el uso convencional de sistemas, apoyados por UAV de reconocimiento y ataque.
Irán en un contexto de escalada regional y crisis económica atravesando las sanciones occidentales, comenzó a desarrollar un importante sector industrial a comienzos de la década del 2000, encargado de elaborar drones con tres necesidades fundamentales; que sean económicos, fáciles de fabricar y efectivos en combate. Con esa premisa, la Guardia Revolucionaria creó la “Organización de Industrias Aeroespaciales” bajo el ministerio de defensa iraní.

Con este enfoque como objetivo, la república islámica se alejó del enfoque occidental del UAV militar como vehículo de apoyo y reconocimiento y lo condujo a un arma letal, el dron suicida. Posicionándose, así como uno de los pocos países pioneros en adaptar drones comerciales o de uso civil y adaptarlo para requerimientos militares en el mundo, algo que lo llevó a innovar y adelantarse a países con muchos más recursos. Así nació el ahora famoso Shahed-136, fabricado a un bajo coste que se estima entre los 7.500 a 30.000 mil dólares, fácil de producir localmente y de componentes con “doble economía”, lo que significa que parte de esos materiales pueden ser usados en industria civil, incapacitando sanciones económicas a esos componentes y con una cabeza explosiva rondando los 40 o 50 kg.
El uso masivo de los UAV Shahed-136 no fue de la mano de su creador, la república islámica iraní, sino de uno de sus socios más importantes, Rusia. Tras la invasión a Ucrania, Rusia vio en los sistemas no tripulados iraníes una herramienta estratégica en la guerra moderna, donde cada misil puede costar millones de dólares, el Shahed con su bajo coste significó ataques masivos a blancos estratégicos y un factor clave, la saturación de defensas, haciendo oleadas de centenares de estos vehículos no tripulados, Rusia podía engañar los sistemas de defensa ucranianos y así generarle pérdidas millonarias sin necesidad de destruir blancos estratégicos importantes sin siquiera dar en el blanco.
Rusia además de utilizar de forma masiva el sistema no tripulado iraní, le mostró al mundo el poder y destrucción que podría hacer un vehículo aéreo no tripulado a las defensas aéreas convencionales de la OTAN. Generando doctrinas de uso y adaptaciones al UAV hasta convertirlo en lo que denominan “Geran-2”. Algunas de sus características mejoradas por Rusia son el aumento de la capacidad de carga explosiva, su velocidad, su color característico negro para ataques nocturnos y una variante especial para señuelos.
Ante este escenario en la guerra ruso-ucraniana y el desempeño de este potente sistema aéreo no tripulado, la inteligencia norteamericana no se hizo esperar y comenzó a recabar información a través de Ucrania, haciéndose con varios modelos que fueron exhibidos en el Congreso de los Estados Unidos.
Luego de aplicar ingeniería inversa y analizar la doctrina militar rusa, Estados Unidos presentó a “LUCAS” por sus siglas en inglés de “Sistema de ataque no tripulado de bajo costo” a finales del año 2025 y comenzando su implementación operativa en este año 2026. La versión americana pesa menos que su contraparte ruso-iraní y vale alrededor de 35 mil dólares producirlo con un alcance de 800 km.
LUCAS es la respuesta a la adaptación que surgió de la necesidad moderna de integrar sistemas no tripulados a la guerra convencional, con el imperativo de no generar programas costosos a los que la Casa Blanca está acostumbrada, donde un simple misil puede llegar a costar millones de dólares por unidad.
Con la reciente operación iniciada por Trump e Israel sobre Irán el pasado 28 de febrero, el Pentágono oficialmente dio a conocer que LUCAS fue utilizado de manera exitosa para neutralizar objetivos estratégicos de la Guardia Revolucionaria iraní, cuerpo paramilitar que paradójicamente desarrolló la creación del modelo de dron de ataque.